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EL GOZO DE UNA CULTURA

Una efemérides, el nacimiento del desaparecido Nicomedes Santa Cruz, el 4 de junio de 1925, hace que en memoria de este patriarca del folclor afroperuano, se conmemore el Día de la Cultura Afroperuana. ¿Cómo se mira el legado de esta cultura en el siglo XXI? (Publicado en el semanario Variedades del diario oficial El Peruano, el lunes 13 de junio de 2011).

El festejo es un aporte afro que ha calado, sin embargo, otras expresiones -como la décima o el zapateo- no crecen.


Y aunque nos sigan llamando,
de niños... negrito lindo;
¡negros de mierda!, después...
Ni de mierda, ni negrito....
¡Soy un negro del Perú!

"Soy un negro del Perú", Carlos López Schmidt


Escribe: José Vadillo Vila.- 


I. LO SENSORIAL ENTRA EN POLÉMICA
Viste buena ropa para su oficio humilde, y de verano, aunque el invierno se instaló en la capital hace rato; el corte pegadito, a máquina y con maña, a lo Don Omar; arete en la oreja para no desentonar. ¡Deja ahí!, ordena al chofer y se queda canturreando la melodía de la Charanga Habanera de David Calzado mientras pide pasaje con sencillo y grita todo Brasil, avenida del Ejército, Miraflores. ¿Habla, vas? Lleva el compás con la mano, haciendo sonar sus anillos plateados en la lata de la puerta. Mañana irá a San Juan a una cubanada, le cuenta al chofer, un cholo como yo y panzón, que preferiría escuchar a Sonia Morales o al inmortal Chacalón, pero quiere mantener la fiesta en paz con su cobrador, que quimboso él, piropea a las estudiantes de secretariado, a las futuras chef, que hacen risitas cuando el moreno se pone a bailar en el paradero aprovechando que el semáforo anda revolucionario, y pide más volumen hasta que una viejita pitea de tanto ruido, llega la luz verde y el cobrador trepa al micro, tiene que conformarse con esperar mañana, la cubanada en San Juan, no de Puerto Rico, sino de Miraflores, y la próxima semana otra en San Martín de Porras, mi "broder".

No hay pecado en bailar salsa ni timba cubana, más bien es puro gusto, buenas armonías, cadencia y hasta codicia (del cuerpo ajeno). Para la historiadora Maribel Arrelucea Barrantes el problema es otro, que "los jóvenes afros tienen a referentes como Susana Baca pero les pesa más la vergüenza de ser peruanos, a diferencia de lo extranjero, muy mágico, mejor y con éxito. Es una estupidez, para ellos es preferible sonar a cubano, jamaiquino o neoyorquino. Es decir, se admiten como negros, participan de una cultura negra, pero no se admiten como negros peruanos".

El maestro Adolfo Zelada, guitarrista y bohemio, a mucha honra, me alza la ceja. "Esos jóvenes afroperuanos que hablan como cubanos están enfermos", dice sin barniz. Setenta y cuatro años punteando de cabo a rabo el diapasón de las seis cuerdas en jaranas criollas de todo calibre, lo respaldan para que cuadre a cualquiera. "¿Creen que hablar sandeces de esa magnitud los va a identificar? Yo que he estado en Cuba cinco veces, no hablo como cubano. He estado en Japón, México, Chile, Colombia... en medio mundo, y sigo hablando peruano". La décima de Nicomedes Santa Cruz cae perfecta: "Cómo has cambiado, pelona,/ cisco de carbonería./ Te has vuelto una negra mona/ con tanta huachafería".

Si hablamos de jaranas, Zelada corrobora el dato: en aquellas fiestas criollas memorables que nació en los callejones de los barrios humildes, durante las primeras décadas del siglo anterior, la música negra no existía, sólo valses, marineras, polcas, foxtrots. Y en las radios, los programas de música peruana sólo ponían como colofón un festejo o un "serranito", como para decir que existe, pero ahí no más. "El arte negro nació mucho después que la música de las jaranas criollas, con mucho sufrimiento y con el trabajo de gente como Victoria Santa cruz y Perú Negro, que han dado testimonio sobre virtudes y las canciones de esos ritmos", explica don Adolfo, que desde 1940 se forjó como guitarrista en el centro musical Pedro Bocanegra y luego ha acompañó a Perú Negro, a Victoria Santa Cruz, a Emilia Barrantes y un largo etcétera de celebridades.

El guitarrista y decimista Octavio Santa Cruz, que vio la cosa "desde adentro", recuerda que desde la formación del conjunto Cumanana (1959) -bajo la dirección de sus tíos Nicomedes y Victoria Santa Cruz- se lideró a un grupo de personas afros de toda calidad. "Unos, como los Vásquez, muy conocedores de la tradición, pero otros se formaron desde cero, porque no sabían cantar ni tocar". Y a todo este movimiento de manifestaciones de los negros peruanos, que apareció en una Lima pacata, la designaron como "negroide", término que no está claro si nació a partir de los Cumanana o un poquito antes. "Negroide" causaba polémica, y el compositor Manuel Acosta Ojeda, apodado "El Mono", desde los micrófonos y columnas periodísticas, proponía que si existiera lo negroide también debería de existir lo blancoide y lo choloide. Entonces se imponía el "Son de los diablos", que es un festejo curiosamente creado por un señor Soria, un blanco amante del criollismo, como lo fue el propio Karamanduka y la gente de la peña "La Palizada".

Si para unos el trabajo de Nicomedes en pro de la difusión de la cultura afroperuana fue loable, para otros, no. La historiadora Maribel Arrelucea recuerda que el decimista y folclorista limeño empezó a trabajar con "lo sensorial", y otro era el contexto. "Empezó a mirar hacia adentro, eso hoy para las organizaciones afro es una vergüenza. No se quiere admitir que lo sensorial, como la música o mover el trasero, y está la herencia del Señorita Verano Negro, en Chincha, y también tiene identidad, y las oenegés lo ven como muy negativo. Nicomedes empieza por lo sensorial, que hoy es angular en la costa, en Lima, hay que admitirlo: le ha dado un sabor a nuestra cultura peruana sino sería aburrida". Nicomedes era intuitivo, pero un problema de los primeros movimientos afros, explica Arrelucea, es que adolecieron de la falta de intelectuales: "Hubo mucho entusiasmo pero no visión desde la historia, la antropología, algo que recién se subsanó en los años noventa, con afros con formación académica y visión de futuro".

Hay un aporte afro que ha calado -como los festejos que se bailan y gozan en todo el país-. Sin embargo, otras expresiones culturales como la décima o el zapateo, no crecen como hierbas del monte, también pueden perderse porque se trata de tradiciones orales, que pasan sólo a unos cuanto y si se descuida y no se piensa a futuro, van a desaparecer, recuerda Arrelucea.

Octavio Santa Cruz siempre visita a su tía, doña Victoria, quien permanentemente ha sido crítica con todo lo que sucedía sobre los afroperuanos pero hoy "no está tan actualizada de lo que sucede", vive sus años de reposo. "Ella nunca fue partidaria de los nuevos grupos, de la llamada fusión, siempre le gustó lo tradicional, hizo lo que tenía que hacer en su momento, divulgó y creó nuevas cosas". Tampoco al guitarrista le vacila estos cambios de la música y danza afroperuana: el aceleramiento del festejo o las cada vez más breves vestimentas femeninas. Más que avance y estudio, dice, la economía es el primer motor y la urgencia de ser competitivos en el mundo globalizado. Prima el "compromiso" con el público, que va juerguear a las peñas, que pide también grabaciones de cierta estética y sabor, y no precisamente le interesa conocer de música afroperuana. Jipi jay.
"El arte negro nació mucho después que la música de las jaranas criollas, con mucho sufrimiento y con el trabajo de gente como Victoria Santa cruz y Perú Negro, que han dado testimonio sobre virtudes y las canciones de esos ritmos..."
El trabajo de Nicomedes Santa Cruz marcó un derrotero. Él empieza a mirar el folclor afroperuano desde lo "sensorial".

II. MIRADA FEMENINA
La última estrofa del poema "Me gritaron negra", de Victoria Santa Cruz, tiene colofón de aceptación, llega al puerto de la identidad. Eso le sucede a muchas mujeres afroperuanas. "Y bendigo al cielo porque quiso Dios/ que negro azabache fuese mi color/ Y ya comprendí/ Al fin/

¡Ya tengo la llave!/ Negro, Negro, Negro, Negro." Maribel Arrelucea explica que este poema hoy es el punto de partida de un feminismo afroperuano, que ha puesto el tema de esta minoría en la agenda. El feminismo actual es más abierto a estos temas, a diferencia de los primeros grupos de activistas de la década de los ochentas "limeñas, blancas y de clase media".

Arrelucea prepara un libro sobre las esclavas limeñas del siglo XVIII, quienes a pesar de su condición, del estereotipo de "subordinadas" que la daba la sociedad, organizaron sus redes y se vincularon con el resto de la sociedad en términos amicales, sexuales y familiares. ¿Desde el siglo XVIII hasta la actualidad se mantienen los estereotipos contra las mujeres negras? "Se han replanteado con el tiempo. En la colonia los estereotipos fueron muy fuertes: Se cumplían tres cosas denigrantes: ser mujeres, esclavas y negras, que las ponían en el último escalón de la sociedad".

Tampoco la llegada de la independencia a América Latina, pese al discurso liberal, abrió un nuevo capítulo para esta población. Criollos y españoles eran esclavistas, y carne de cañón en sus ejércitos, con la promesa de libertarlos a los dos años de servicio, fueron los afros.

Y de todas las capitales virreinales, Lima fue el bastión más conservador. "Por eso aún hoy es muy difícil avanzar en una sociedad más inclusiva. Mira que la ciudadanía abierta, el voto mujer y del analfabeto, recién se logró en el siglo XX, porque hay una resistencia enorme", opina Arrelucea.

Los años ochenta son venturosos, porque abren la posibilidad de encontrarnos como peruanos, se dan trabajos académicos sobre género, clase y raza y se considera el aporte de las otras minorías (chinos, negros y otros) como partícipes de la sociedad peruana, y no solo la dicotomía hispano/indígena o sólo desde el punto de vista artístico.

Arrelucea toma con pinzas la actitud de los afros que están pasando por analizar, primero, el discurso, que lleva más de dos siglos. "En Lima nadie dice negro, les resulta denigrante, peyorativo, salvo que un afroperuano le diga a otro, negro, incluso el uso de la palabra esclavo y dicen "esclavizado".

Pero hablar de afroperuanos en vez de peruanos a secas, como todos los que formamos este crisol de razas, también suena como discurso separatista. "Creo -dice Arrelucea- que las organizaciones afros están pasando por un proceso de descubrirse a sí mismos, lo que implica, primero, aislarse. Y después ya podemos volvernos luego volver a unir a este rompecabezas llamado Perú". Ella espera que eso sea antes de 2021, donde sólo hablemos de peruanos y peruanas.

CONFERENCIAS
Por el Día de la Cultura Afroperuana, el centro cultural Británico (Jr. Bellavista 531 / Malecón Balta 740, Miraflores), lleva a cabo en su auditorio un ciclo de conferencias sobre las diferentes expresiones artísticas de la cultura afroperuana, a su problemática y origen. El martes 14, la docente Milagros Carazas disertará sobre "La literatura afroperuana hoy"; la historiadora Maribel Arrelucea continúa el martes 21 con "Afroperuanas: estereotipos y realidades" y el viernes martes 28 culmina el ciclo el músico Octavio Santa Cruz, con "Socabón: oralidad y rima en la costa afroperuana". A las 19.30 horas. Ingreso libre.


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