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LOS MUROS DE RAQCHI

Los gigantescos muros del templo de Wiracocha, las colcas y los baños del inca, en el pueblo de Raqchi, hablan de la importancia que tuvo este centro administrativo inca. Cada día, más de 200 turistas llegan a este pueblo para desenfundar su pasado. (Publicado el lunes 30 de mayo en el semanario Variedades, del diario El Peruano)

Escena cotidiana en Raqchi. Campesinos en sus faenas, al fondo, famosos muros del templo de Wiracocha a la espera de turistas. Foto: Oscar Durand, diario El Peruano.

ESCRIBE: JOSÉ VADILLO VILA

1. El río Vilcanota susurra sus aguas a lo lejos, al otro lado de la pista Cusco-Sicuani. Cinco minutos a pie separan al pueblo de Raqchi del asfalto. Los escolares bien peinaditos avanzan apurados en dirección contraria, para esperar la combi que pare, para ir a la escuela, en otro pueblo, aquisito no más. Nosotros vamos a las entrañas de Raqchi, a conocer los famosos muros del templo de Wiracocha, que dicen que son tan altos que parecen hechos por los pururunas (hombres gigantes).


Raqchi es como la alegría, un pueblo breve. De un poco más de 80 casas, dicen. Aquí se dedican a la cerámica para el turismo o a las labores del campo. Los ubicuos gorrioncitos cruzan el cielo azul; las vacas rumian en un chacra que también tiene arcos y es canchita de fútbol dominguero; los campesinos avanzan en ojotas, con sus "buenos días" a cuestas, a veces en bicicletas o arreando ovejas, seguidos de sus perros como extensiones de su cuerpo. El sol ya empieza a quemar sobre los 3480 m.n.s.m. y los montoncitos de mazorcas pequeñas en las chacras hablan de una mala temporada: que los apus y la helada este año les han jugado una mala pasada, explican.

El sonido del agua acompaña al caminante esos minutos. Es un chorro eterno, fresco y frío, cae por un canal entre las piedras de las andenerías de cuatro metros, que parecen recién hechas porque fueron revitalizadas por la mano de estos vecinos de Raqchi, que tal vez son hijos de los hijos de los hijos que lo construyeron.

2. Raqchi parece tierra bendita. Las piedras andesita y pómez que vomitó el volcán Kisachata, les sirvieron para formar sus muros milenarios y también su cerámica. En la plazuela de tierra de Raqchi, el mundo recién se despereza. Gumercindo Serrano, de la oficina del ministerio de Cultura, a cargo del complejo arqueológico dice que hemos llegado demasiado temprano, los buses de turistas recién llegan a partir de las 10 y media de la mañana. Ahí el día se pone bravo, porque todos los días son full, un promedio de 250 visitantes que pagan sus 10 soles para conocer los famosos muros del templo, las colcas, los baños del inca. La mayoría son gringos, italianos, alemanes, franceses, japoneses. Llegan en los bellos buses con aire acondicionado, también hay los de bolsillos agujereados, que toman su combi en Sicuani, a sol con cincuenta céntimos, se bajan en la carretera y avanzan a pie. Cuenta Gumercindo que aquí en Raqchi la comunidad también tiene un servicio de turismo vivencial para todo aquel que lo quiera.

La iglesia San Miguel Arcángel, pequeña como capilla, corona la plazuela de tierra de Raqchi, desde donde también uno ingresa al complejo arqueológico. En la plazuela no hay más ornamento que una cruz, ahora bien trajeadita por el mes de las cruces, por la fiesta de la "cruz velacuy", o velación de la cruz. A su alrededor se armarán los puestos a cargo de las mujeres de la comunidad, vestidas con sus "monteras" (sombrero), sus "uncuña" (manta); ellas venderán sus chacanas, sus salamancas, sus "trilogías" de cóndor, pumas y serpientes, combinando hanan pacha, kay pacha y urin pacha. Justamente, Kisachata significa la "unión de los tres", en quechua. Unos sanjuanitos ecuatorianos y el folclor new age de Alborada suena dan más sello turístico a la jornada.
Los muros de Raqchi son tan altos, que parecen haber sido construidos por pururunas (hombres gigantes).
3. El ex INC ha hecho un camino de quinuales, el cual, metros más allá, lleva al visitante directamente a los hermosos muros del templo de Wiracocha. Sólo el canto del "jacacho", el ave de voz ronca, perturba el silencio, desde los techos tejidos que protegen de las maldades del viento a las altas paredes que formaron parte de este templo llamado también por los arqueólogos "recinto grande".

De acuerdo a los estudios que se iniciaron en los años sesenta, esta área principal que es la imagen de postal del centro arqueológico de Raqchi, es rectangular, con 92 metros de largo y 25 de ancho. Lo que sigue en pie es el muro central que definía el templo, de doce metros de altura, hecho de piedra, en sus bases, y luego de adobe. Están las 10 entradas o puertas, encima de ellas las ventanas, que servían para poner maderos y aliviar el soporte para el techo de paja del recinto, de acuerdo a los estudios del arqueólogo Pedro Taca.

Alrededor del muro principal, están los restos de las 22 columnas cilíndricas de piedra -11 por lado-, descubiertas en 1963, y que ayudaban a soportar el recinto sagrado a Wiracocha, el dios más importante del mundo andino. Estas columnas son muy particulares, porque los incas no los usaron en otras construcciones.

A uno de los costados, las puertas, que permitían ingresar a los privilegiados al templo. Si se habla tanto del dios Wiracocha, se debe a una estatua que los cronistas contaban se hallaba dentro de este templo, pero fue retirada por los extirpadores de idolatrías. El tronco de piedra de la estatua, aún se conserva en un museo de la ciudad imperial y la cabeza se encuentra en el madrileño Museo de las Américas, en España, explica René Rodríguez Arque en una revista sobre este centro arqueológico.

Raqchi era una ciudad importante. A un costado del templo, guardada por el pasto, se ubican una serie de edificaciones separadas por tres callejones. Entre los callejones y los edificios se ubicaban siete patios donde cada edificación lleva tiene seis o siete hornacinas donde se presume los habitantes ponían objetos rituales. Hablan de objetos de oro y ofrendas, aunque también pueden ser momias, que tan cerca estaban de la vida de los precolombinos.

Las flechas de cemento sobre el césped van guiando al visitante. Junto a las edificaciones están las 156 colcas. No son pequeñas. Cada una de estas construcciones antisísmicas hechas de piedra del Kisachata tiene un diámetro de ocho metros. La teoría es que Raqchi, debido a su benigno clima en altura y estando en frontera entre zonas de quechuas y aimarás, era también un centro de almacenamiento muy importante para los incas, permitiendo alimentar a los pueblos del Collao. Es que Raqchi está en un punto importante en el camino inca entre el Collasuyo (la meseta del Collao) y el Cusco. Y de su importancia religiosa-administrativa también hablan los restos la muralla inca de casi tres metros de alto, que se ve en las cinturas de los cerros y dicen tiene una extensión de cinco kilómetros.

Hay que cruzar por un camino que rodea los muros del templo de Wiracocha en busca de los baños del inca, al pie de una laguna viva desde tiempos incas. También este trabajo incaico fue descubierto en 1963. Hasta ahora no se sabe de dónde proviene ese chorro de agua abundante todo el año, que sólo baja su caudal en octubre, noviembre y diciembre, que alimenta los cinco pilones, ubicados en forma de ele, dos para un lado y otros tres de frente a la laguna. Dicen que aquí se bañaban las collas, las mujeres. Mientras que metros más allá, están otros dos pilones que utilizaban los varones. El chorro de agua helada refresca el cuello del viajero, duda entre tomar el camino inca al Collasuyo, como lo hacen algunos turistas caminantes o volver al poblado, comprarse un souvenir y trepar a un bus. Igual, las piedras de Raqchi quedarán dibujadas en la memoria.

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