14 de abril de 2017

Celebración y reflexión


¿Cómo vive el Perú del siglo XXI la Semana Santa? ¿Ha decrecido el fervor? ¿Cuánto han impactado las noticias negativas de la Iglesia y el internet en la feligresía? Aquí, cinco visiones diferentes. (*)

1. 
“Para los creyentes, la Semana Santa es un tiempo de recordar el núcleo de la fe, que es la revelación de un dios encarnado, comprometido con el sentimiento de los más necesitados”, opina el director de la Escuela de Posgrado de la Universidad Ruiz de Montoya, Juan Dejo Bendezú.  

“Jesucristo decide luchar contra la injusticia, los fundamentalismos y, sobre todo, contra quienes juzgan de manera injusta sin comprender las dificultades de la vida”. Por ello, el sacerdote jesuita explica que los rituales y oficios diarios quedan de lado si los creyentes no son justos. 

Acepta que hoy la globalización pasa factura al catolicismo. “La dimensión religiosa queda en lo supersticioso o se diluye su profundidad en función de intereses inmediatos, comunicados con una ideología consumista donde el éxito se relaciona con el poder del dinero; donde toda visión trascendente, con valores y Dios, queda en un lugar marginado”. 

Mas subraya que, a 500 años de la Reforma Luterana, hoy el catolicismo tiene “más relación con otras confesiones, incluso más allá de lo cristiano”. 

2. 

“El sentimiento religioso está en una especie de crisis, pero es un sentimiento constante: la Iglesia católica nos ha acostumbrado, durante 2,000 años, a una práctica contradictoria entre lo que dice y lo que hace, sobre todo al defender los intereses del poder y marginar a los pobres”, opina el doctor Rodrigo Montoya, profesor emérito de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. 

Un caldo de cultivo son “la falta de vocaciones religiosas intensas, el ausentismo de las iglesias, la presencia de las iglesias evangélicas, y la salida de la clandestinidad de la fuerte espiritualidad andina. Es compleja esta situación y creo que la Iglesia católica tiende a decrecer. Más aún cuando tiene una jerarquía reaccionaria, que en vez de ayudar nos lleva hacia atrás”, opina. 

Si bien reconoce a “católicos consecuentes, que hacen lo que dicen” son “una minoría que salva a la Iglesia, porque la mayoría de sus creyentes son indiferentes”. 

Los atentados del Estado Islámico en Egipto, durante el Domingo de Ramos, dejaron 43 cristianos muertos. Nos enrostra que la guerra religiosa continúa. “La Iglesia cosecha lo que sembró con el poder terrible de un monoteísmo absurdo. Ese mismo error lo tienen los islámicos y los hebreros. Esta lucha religiosa ha dejado millones de muertos. Y las víctimas son siempre de abajo, los pequeños creyentes de ambos lados”. 

Para el padre Juan Dejo, director de la Escuela de Posgrado de la Universidad Ruiz de Montoya, la Iglesia está cambiando de una manera “radical” tras el Concilio Vaticano II (1962-1965). “Recién estamos dándonos cuenta de los errores del pasado. Hay mucho examen de conciencia institucional, de reparación de víctimas. No solo el problema de la pedofilia, el machismo es terrible, la jerarquización, la búsqueda de poder… son cosas humanas. Obviamente que la Iglesia tendría que ser un faro. Hasta que no reparemos esto, no vamos a ser capaces de ser luz”. 


3. 
La belleza del arte popular entra en escena en estos días de guardar. La devoción se manifiesta en las alfombras de flores, alfarería, cánticos y bailes que acompañan a los rezos, hasta la culinaria. 

“Son expresiones efímeras notables”, define Soledad Mujica, directora de Patrimonio Inmaterial del Ministerio de Cultura. “El arte de los alfareros o adornistas expresa su devoción y la de los demás”.

Pero, ¿cuánto han cambiado estas tradiciones en lo que va del siglo XXI? “Mientras la fe siga, el arte evolucionará, como las sociedades, y no hay que tenerle miedo. Van resignificándose los objetos y las prácticas. En el arte popular, más que desaparecer, las cosas se transforman. Y el Perú sigue siendo uno de los países más ricos de América en arte popular”.

Mujica recuerda que gran parte de nuestro patrimonio inmaterial se vincula al culto católico y otros de raíz prehispánica. Por ende, un impacto “real” en las prácticas artesanales es la mayor presencia de nuevas prácticas de fe en los pueblos, que promueven el abandono al culto católico, el cual se traduce en la pérdida de elementos culturales como cantos, bailes y otros. 

La doctora Alfonsina Barrionuevo coincide. “Hay una transformación constante. En Ayacucho, ya las señoras no visten ocho polleras ni llevan mantillas de fibra de alpaca. Ahora visten pantalones. Pero dentro del cambio, la tradición se mantiene porque en el Perú la gente es religiosa”. Como Rodrigo Montoya, Barrionuevo opina que en el mundo andino la Semana Santa siempre cuenta con una relación con la Madre Tierra y los apus. El sincretismo es su fortaleza. 

No obstante los “cambios grandes en la Semana Santa porque la imposición religiosa es menor, hay pueblos con iglesias abandonadas, la gente se asimila a las nuevas orientaciones”, las personas mayores conservan las cosas más adorables. 

“Siempre los Cristos representan la esperanza de la gente, su fuerza espiritual, por eso se mantienen, y porque son tan milagrosos”, agrega la investigadora. 

4. 
En Ventanilla, Callao, 80 niños y jóvenes escenificarán mañana, a las siete de la noche, en la Piscina Municipal de Ventanilla, la obra Jesucristo Superstar. El último reino, donde la segunda venida del Salvador sucede en un ambiente de zombis y Jesús tiene look de cantante de reguetón. Él encabezará la lucha contra el tirano dueño del mundo. 

Los núbiles actores provienen de zonas donde el pandillaje y la violencia se viven a flor de piel. Santiago Ciudad, director del grupo Ágape, dice que los chicos son muy dados a celebrar las fiestas religiosas. “De repente son más fríos en cuanto a la fe, pero mediante los actos, las celebraciones, vuelven a acercarse a Dios, conocen más de la historia religiosa, de quién es Jesús”.

(*) Publicado el viernes 14 de abril de 2017 en el Diario Oficial El Peruano. https://goo.gl/59g868 

12 de enero de 2017

El guardián de la soledad


En febrero, el primer actor nacional Edgard Guillén calzará los 79 años. Quien llevara por 20 años los unipersonales en el “Teatro en mi casa” ahora presenta por escenarios no convencionales la obra Ricardo III en formato de “teatro delivery”.

Escribe: José Vadillo Vila
Foto principal: Melina Mejía (Diario Oficial El Peruano)

1. 

Insoportable. Talentoso. Misántropo. Autogestionario. Anticlerical. Mistiano. Humano. “Nunca he buscado ser un actor mediático, ser Melcochita. He elegido a grandes autores siempre y he hecho lo que he pensado que estaba bien”.

En los 57 años que lleva como hombre de tablas, Edgard Guillén se ha peleado con varios periodistas. Y, de darse el caso, volvería a botarlos de casa. Los fólderes de recortes también hablan de los aplausos cosechados por su talento. En el libro Memoria de mi memoria (2009) reúne años, fotos, entrevistas y críticas a su trabajo. 

El crítico Hugo Salazar del Alcázar, por ejemplo, escribía sobre la singular exploración solitaria de este actor: “No creo que Guillén plantee una integración entre el arte y la vida. Pienso que en su caso, la una es consecuencia de la otra y viceversa”.

–¿Qué une al jovencito que debutó el 7 de octubre de 1960 en el teatro de la AAA con el hombre que visito hoy?

–No sé ni me interesa. Queda este viejo de casi 79 y que sigue sin entender por qué abrazó y amó tanto esta entelequia que es el teatro. Queda eso y la terquedad de querer seguir haciendo teatro y haber dejado todo por él. 

2.

Los silencios se posan entre la escalera y la sala de su morada, en Pueblo Libre, donde vive desde 1959. Una lágrima se asoma impía: en estos días, Guillén está “particularmente sensible”. Va a calzarse los 79 años, edad en la que su padre, Leonidas, murió. Y en estos meses acaba de tener “tremendas pérdidas”. “Mi corazón está muy bien, pero si me toca, me toca”, dice sosteniendo una copa de vino, hojeando una revista. 

En diciembre falleció su amiga, la actriz Marta Sánchez Aizcorbe, esposa del dramaturgo Alonso Alegría; y en octubre, Mario Delgado, director del grupo Cuatrotablas, a quien le unía “un inmenso afecto”. 

Con él hicieron esa locura definitiva para su carrera, Los viejos papeles (1983). Trabajaron a diario, durante meses. Guillén desplegó sus herramientas del método del director ruso Konstantín Stanislavski. 

“Habíamos creado una dramaturgia robando textos de Chejov, de Shakespeare, y textos propios, era la confrontación de un actor que ya no quería hacer vetustos roles y su director. Era solo el interés de experimentar. Luego empecé con los unipersonales.”

Edgard muestra el pecho a la muerte y cuelga los reconocimientos del Congreso en el baño. Le llena de ira lo que puedan hacer tras su deceso. “A Mario Delgado lo velaron en el Museo de la Nación como un favor. Yo no quiero que ninguno de estos infelices [los políticos] haga el favor de enterrarme, ni que me velen en ningún museo. No quiero nada con el Estado, que nunca se preocupó por la cultura ni el arte, jamás”. 

–¿Y qué piensa del país?

–El Perú no tiene remedio en años porque estamos sujetos a esta gente de mala leche y a la corrupción. Los congresistas confunden educación con cultura. No saben que la cultura es fruto de la inteligencia y la sensibilidad del ser humano, y que se manifiesta por medio de las artes y las letras. 

3.

Dos décadas se valió del boca a boca para hacer aquí “Teatro en mi casa” jueves, viernes, sábado y domingo. En la sala donde ahora la gata ‘Misha’ ronronea había cuarenta sillas. Frente a ellas, se transmutaba en personajes de Chejov, Shakespeare, Goethe. 

“¡Fueron 20 años! Ya es excesivo, un gobierno solo dura cinco años”, dice Guillén, quien muestra uno de sus secretos: los dibujos que había hecho antes de decidirse por las tablas. 

Hace más de dos años el actor y director anunció por redes sociales sobre su nueva etapa haciendo “teatro delivery”. Tuvo eco. Empezaron las llamadas, los mensajes al inbox. Inclusive volvió, después de años, a su ciudad, Arequipa.

A sus años, subirse y protagonizar Ricardo III, de Shakespeare, es como jugarse un partido de fútbol, por lo extenuante del esfuerzo físico y fuerte del mensaje de la obra, pero lo hace con el mayor placer. El texto es una traducción de Alonso Alegría, y la adaptación, del propio Guillén.

Lo personifica con un atuendo minimalista y una corona hecha de deshechos metálicos. Para Guillén, la imagen del rey deforme Ricardo III “está vigente”. “Es el tipo cínico que quiere caer simpático y quiere, en mi adaptación, hacer cómplice al público de cómo mata a sus sobrinos y a su mujer para llegar al trono. Y su muerte es atroz”. 

Datos

Guillén ha participado en 19 festivales mundiales de teatro. 

Desde la década de 1960 integró los grupos Alba, TUSM, Histrión, El Tábano, Tarsila Criado y Cuatrotablas, entre otros. 

Elaboró trabajos de laboratorio teatral junto a Sarah Joffré, M. Delgado y Walter Ventosilla. 

Para “teatro delivery”, juntar de 15 a 20 personas y contactarse por inbox mediante la cuenta Facebook del artista.

57 años como actor y director celebrará el 7 de octubre.

(*) Publicado en el Diario Oficial El Peruano el jueves 12 de enero de 2017

9 de enero de 2017

Magos y regalos por el Niño


Escribe: José Vadillo Vila

La culpa la tiene San Mateo. En su evangelio aparecen mencionados los tres Reyes Magos, quienes –astrólogos, al fin y al cabo– siguiendo a la estrella de Oriente, llegaron hasta el humilde pesebre de Belén donde a María “le dio el tiempo del parto” (dixit San Lucas) y alumbrado al Niño Dios entre un buey y un asno, para más señas.

“Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: ‘¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo’”. (Mt. 2, 1-2)

Apuntes católicos

Hagamos el acápite. En el capítulo IV de su libro La infancia de Jesús (2012), el papa en retiro, Benedicto XVI, abre la posibilidad de “que la proveniencia de estos hombres hasta el extremo Occidente (Tarsis-Tartesos en España), pero la tradición ha desarrollado ulteriormente este anuncio de la universalidad de los reinos de aquellos soberanos, interpretándolos como reyes de los tres continentes entonces conocidos: África, Asia y Europa. El rey de color aparece siempre: en el reino de Jesucristo no hay distinción por la raza o el origen. En él y por él, la humanidad está unida sin perder la riqueza de la variedad.”

“Queda la idea decisiva” –dice el santo padre número 265 de la Iglesia romana y teólogo alemán– “los sabios de Oriente son un inicio, representan a la humanidad cuando emprende el camino hacia Cristo, inaugurando una procesión que recorre toda la historia. No representan únicamente a las personas que han encontrado ya la vía que conduce hasta Cristo. Representan el anhelo interior del espíritu humano, la marcha de las religiones y de la razón humana al encuentro de Cristo.”

Y la tradición católica marca el calendario el 6 de enero como la fecha de esta epifanía, cuando Melchor, Gaspar y Baltasar, bajaron de sus artiodáctilos y ofrecieron al churumbel oro, incienso y mirra, respectivamente. Se la bautizó como ‘Bajada de Reyes’. Y su relación con la entrega de juguetes se dio desde finales del siglo XIX. Todavía en países como España, se entregan los obsequios el 6 de enero, pero aquí, en tierras de los incas, el márquetin navideño que encabeza el barbiespeso Santa Claus, ha hecho que regalos sean sinónimo de 25 de diciembre. 

Grandes celebraciones

En el caso peruano, decíamos, la epifanía de los tres Reyes Magos formó parte de los calendarios festivos hasta los tiempos del primer gobierno de Fernando Belaunde Terry (1963-1968). La celebración era larga y lo común era que la gente se amaneciera, so pretexto de la adoración de los reyes al Jesús en pañales.

Hacia el año 1900, la efeméride católica ya era sinónimo de jolgorio. Niko Cisneros recordaba en un artículo aparecido en el diario La Crónica, de 1962, que desde inicios del XX, estas fiestas limeñas corolario de las celebraciones navideñas, tenían de fe, aderezadas con picaresca criolla y recaudación probolsillo.

Porque la fecha dejaba a la familia organizadora utilidades económicas. No era raro que para tal fin se alquilara de algún vecino imágenes del Niño Jesús, San José y la virgen María; que las guitarras amenizaran la celebración mientras el aguardiente ‘Motocachi’ circulaba hasta que la noche se volvía día, entre los visitantes y padrinos que dejaban sus monedas.

La masividad tocó también esta celebración y pasó de los espacios familiares al foro público. Los registros fotográficos hablan de la década de 1950 como el momento cumbre de los grandes desfiles de las “Caravanas de Reyes Magos” que en la víspera al 6 de enero recorrían el Centro de Lima y Magdalena del Mar.

Hablamos de carros alegóricos donde brillaban las estrellas de radioteatro, donde cada rey cambiaba dromedarios por bólidos de cuatro ruedas. Sus carros alegóricos se confundían con momentos bíblicos y carros con personajes de fantasía diversas, como hadas, “encarnadas por preciosas damitas de nuestros círculos sociales”.

Esas caravanas eran aplaudidas por grandes y pequeños boquiabiertos. Se calcula que un cuarto de millón de personas observaba in situ el desarrollo del evento. 

¡Una libra por mi rey!

Como oro, incienso y mirra no son bienes en abundancia y la verdad no interesan a los chicos, los Reyes Magos se multiplicaban por las entidades públicas sociales, digo los asilos, hospitales, y llevaban desde golosinas hasta frutas, ropas, pastas de dientes, cepillos, verbigracia. La cosa era dar alegrías. Los juguetes (gracias también a la llegada de productos baratos made in China, algunos prefieren llamar la democratización de los juguetes) desplazaron a todos los anteriores.

Lola Gálvez reseña en una columna aparecida en el diario La Tercera, en enero de 1988. Dice: “La fiesta consistía en que se señalaba a un padrino para cada rey, desde días anteriores a la fecha. Y cada uno de estos caballeros era rumboso en la limosna o dádiva con que correspondía a la distinción de que eran objeto. El Primero casi siempre daba una libra de oro, el segundo doblaba la suma, y el tercero, que era la bajada del rey negro, triplicaba la suma, lo que daba lugar a aspavientos y gritos de alegría, porque según los dueños del Nacimiento era para aumentar los adornos del Niño Dios para el año siguiente, pero en realidad solo era pretexto para recaudar fuertes sumas con que esquilmaban a los ‘distinguidos padrinos’.”

Colofón

Un dato para la controversia puede darse a la relación de Melchor, Gaspar y Baltasar con sus representaciones en versión 3D por miembros de la Policía Nacional.

De acuerdo con un artículo aparecido este milenio, a partir del año 1988 tres miembros de la Policía Montada se encargan de salir espoleando a sus equinos y a plena luz del día, desde las caballerizas del Potao, distrito del Rímac, hasta el Palacio Municipal de Lima, para saludar y llevar regalos, celebrando la donosura del Niño Dios.

Publicado en el Diario Oficial El Peruano: domino 8 de enero de 2017. 

6 de diciembre de 2016

Independencia bajo la lupa




Escribe: José Vadillo Vila

“Que la ignorancia no se cambie por otra ignorancia”, reclama el historiador Heraclio Bonilla cuando habla de los estudios sobre la independencia del Perú, nuestro génesis como Estado-nación, hace casi 200 años.

El Peruano lo buscó en su breve visita por Lima, por la reedición de La independencia en el Perú: las palabras y los hechos, el ensayo que escribió a cuatro manos con Karen Spalding y que forma parte del libro Metáfora y realidad de la independencia en el Perú (Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 2016).

Cambio en la historiografía

El estudio, publicado originalmente hace 45 años “bajo presión y exigencia de José Matos Mar [entonces director del IEP]”, significó un cambio en la historiografía sobre el proceso de la independencia del Perú. El libro fue denostado porque se resumía en la idea de “la independencia concedida” y salió de los ambientes académicos para instalarse en el debate en el foro público. Personajes como Martha Hildebrandt y Javier Diez Canseco coincidieron en defender el trabajo.

Han pasado cuatro décadas y el doctor Bonilla, profesor de la Universidad Nacional de Colombia, mantiene las cuatro propuestas de la tesis inicial: que la independencia del Perú 1) no hubiera sido posible sin la intervención de José de San Martín y Simón Bolívar; 2) no fue resultado de un “consenso social”, de ningún mestizaje; 3) no se erradicó las raíces del ordenamiento colonial; y, 4) no tenía nada que ver con que si queríamos o no separarnos de España.

–¿Cuál es el mito que nos vendieron sobre la independencia? 

–Que fue el resultado de un consenso entre peruanos. Para demostrarlo, nos propusieron una galería interminable de próceres. Al parecer, incluso desde que llegó Francisco Pizarro los peruanos querían ser independientes. Pero ¿por qué no se produjo? El mejor garante de la estabilidad colonial fue Túpac Amaru II: con él [los españoles] se dieron cuenta de lo enormemente peligroso que implicaba la movilización independiente de la población indígena. Además, él nunca tuvo un programa que afectara el mundo de la vinculación colonial. Dijo: “¡Viva el rey y abajo el mal gobierno!”.

Vigencia en el tiempo

Para la historiadora Carlota Casalino, de la PUCP, 45 años después la lectura del libro de Bonilla “continúa vigente”. “El capítulo La independencia en el Perú… significó un quiebre con la historiografía. Los demás capítulos trataron de mostrar la densidad de ese período, su significado e identificar esos puntos oscuros para seguir investigando”.

Por su parte, Cristóbal Aljovín, docente de la UNMSM, recuerda el carácter “extremadamente polémico y combativo” del autor, con textos provocadores. La independencia en el Perú… es un texto en el que se están peleando la representación del pasado, el presente y el futuro del país”.

Mosaico cultural

Bonilla apoya su hipótesis de “independencia concedida” en las actitudes políticas: frente a las disidencias de Caracas y Buenos Aires, el Perú, México y Cuba se mantuvieron leales.

–Usted recuerda que la sociedad colonial era de “un extraordinario mosaico cultural”.

–Falta todavía por conocer acerca de la composición interna de la sociedad colonial. De tal manera que confundirlos bajo un solo rótulo es poco recomendable. Hubo indios de todo tipo: originarios, forasteros, de haciendas, de comunidades, pequeños propietarios independientes, de ciudades, pequeños comerciantes. Y la conducta política de cada uno de ellos fue absolutamente distinta. Esto se puede aplicar a otros estamentos de la sociedad colonial.

Idiosincrasias distintas

Así, explica, quienes combatieron a Túpac Amaru, las rebeliones de Huánuco y Cusco (1812 y 1814) fueron los indígenas. “Y en el colmo de la paradoja, dos años después de la batalla de Ayacucho (1924), los indios de Iquichar, se levantan y piden el retorno del rey Fernando VII. En Pasto, Colombia, hicieron lo mismo. Significa que la población indígena no estaba convencida: la independencia no era algo bueno para ellos. Su condición estuvo mejor protegida en el sistema colonial”, dice el autor.

–Esa diversidad poblacional que habitaba en el país al momento de la independencia, ¿cómo tomarla hoy?

–¡Es nuestra mayor riqueza! Un país diverso, constituido por distintos segmentos étnicos, ¡qué extraordinario! Entonces es completamente absurdo lamentarse de esa diversidad. En ese sentido, las políticas plurinacionales, los estados multiétnicos son muy buenos, el Estado debiera diseñar un conjunto de políticas que permitieran la eclosión y la confirmación de esa diversidad y no su aplastamiento en nombre de una unidad.

–¿Cuál es su mirada sobre Simón Bolívar, un personaje lleno de contradicciones?

–A medida que avanzaba, Bolívar se daba cuenta de que había una disonancia entre lo que él quería y lo que había. En negación de sus propias convicciones separa Charcas del Perú. En contraste con sus convicciones, Bolívar establece una dictadura y Constitución vitalicia. Él, que había sido educado en lo mejor del pensamiento europeo, en sus cartas dice que estas cosas no funcionan. Necesitamos un Ejecutivo fuerte, una Cámara de Senadores vitalicia, porque es la única forma de controlar las veleidades de estas naciones nuevas.

–¿Cuáles serían nuestros desafíos hacia 2021?

–Nuestro desafío debe ser empezar a estudiar el proceso nuestro y el de América Latina de manera integral y a partir de nuestra propia experiencia. Otro punto es trabajar el proceso de la independencia, reflexionando sobre la identidad peruana. En el plano de la historia, debemos buscar las coordenadas de una teoría sobre el sistema colonial. Debemos utilizar el bicentenario para conocernos, preguntarnos cada vez más y mejor, ¿por qué la promesa traída por San Martín y Bolívar no se cumplió?, ¿qué pasó?, ¿qué se opuso? Para eso sirve la historia. Que nos frustrara una vez, es un problema, pero que la historia de la República sea una repetición permanente de problemas requiere explicación.

–¿Cómo deberíamos tomar el 28 de julio del 2021?

–El bicentenario para indios y negros será un día de duelo. Pero si tomásemos la efeméride como pretexto para seguir conociendo y pensando, bien.

–¿Le preocupa lo que digan los textos escolares hacia el bicentenario?

–Hay un atraso entre lo que la investigación produce y lo que los textos [escolares] difunden. Lo bueno sería que quienes escriben los libros para la secundaria estuvieran informados de las nuevas investigaciones. Pero lo que más me preocupa es lo que evidencian las encuestas: es nula la población escolar en capacidad de leer y comprender. No razona, repite. Los déficits que tenemos son brutales.







Nuevas miradas

“Los libros de historia actuales ya no se plantean si la independencia del Perú fue ‘concedida’ o ‘concebida’. Ese debate acabó en la historiografía profesional, pero no en el debate público. La historiografía contemporánea recupera mucho de la historiografía liberal –de lo que escribió Porras Barrenechea, Macera y otros– y están en retroceso los discursos nacionalistas. Los textos de Bonilla están muy bien escritos. Eso es útil. Es grato leerlo e incentiva seguir estudiando la independencia y cuestionarla. Ahora los debates parten de ver los procesos políticos, cómo cambian el lenguaje, cómo participan los actores sociales”, dice Álex Loayza Pérez, quien ha editado La Independencia peruana como representación. Historiografía, conmemoración y escultura pública (IEP, 2016), en el que reúne trabajos de 10 investigadores.

(*) Publicado el martes 6 de diciembre de 2016 en el Diario Oficial El Peruano 

29 de noviembre de 2016

Esperanza vs. epilepsia


¿Imagina a un niño con 20 ataques de epilepsia al día? Essalud ha adquirido 10 estimuladores del nervio vago que implementará como tratamiento paliativo a igual número de pacientes infantiles que padecen de la epilepsia reflactaria. Esta cirugía les permitirá disminuir la frecuencia, cantidad e intensidad de las crisis.


Escribe: José Vadillo Vila

1. 
Sandro jugaba con esas consolas digitales que los niños piden para la Navidad y escuchaba lo que su papá, Luciano, contaba al periodista, cuando empezó a convulsionar. La epilepsia dejó de ser concepto y se hizo tangible sin pedir permiso. A ese trastorno cerebral le interesa un comino el lugar, la presencia de testigos. Solo sucede.

Pero Luciano sabe qué hacer con su hijo. Lo ha llegado a vivir hasta 15 veces al día, y en cualquier lugar. Por eso también lleva un casco, para que Sandro no se golpee la cabeza cuando andan por la calle, por la casa, por los pasadizos de este hospital Rebagliati, de cualquier lugar, y zas, viene la convulsión. Sandro no debe caminar solo. Sus padres se turnan para cuidarlo. Y tiene solo 13 años.


–Calma, papito –repite Luciano Flores (47) con esa dulzura de los andinos, mientras pone a Sandro de costado en la cama. Le soba las manos, tal como le enseñaron los médicos. Ya pasó, papito, ya pasó.


A veces, cuando la convulsión es leve, Sandro ‘vuelve rápido’, recupera la atención en poco tiempo. Otras, como ahora, le cuesta más tiempo. Le da sueño. Luego, vuelve a ser un niño más, que corre, que se identifica con su papá y lo quiere acompañar al trabajo, salir de paseo. Pero los Flores han aprendido a estar siempre atentos.


2. 
Al segundo día de nacido, Sandro convulsionó. A los 8 meses, lo hizo de nuevo. El episodio se repetía una vez al año o cada año y medio. Los Flores comenzaron a visitar a los neurólogos y a probar todo tipo de medicamentos para su hijo. A partir de los 6 años, las convulsiones comenzaron a ser más seguidas.

–Al inicio se torcía, como sucede con toda epilepsia normal, pero comenzó a cambiar: a los 8 años, asistía al colegio, tenía una silla especial, pero empezó a caerse, a accidentarse y, por seguridad, los neurólogos dijeron que no siga asistiendo a la escuela.


Su epilepsia transmutó en una epilepsia refractaria. Ya no era un ataque único, sino podían ser dos, tres. Sandro llegó a tener las 15 convulsiones al día. Luciano dice que ahora se controla, son menos, entre seis y ocho por día, “pero parece que se acumulan cuando suceden porque las descargas son fuertes”. Puede estar tomando desayuno y la intensidad del ataque lo lanza al piso.


–Ya pasó, papito, ya pasó.


3. 
No siempre ser uno es bueno. A Luciano, que es ayacuchano, y a su esposa, Etelvira, que es de Cajamarca, primero le vinieron los remordimientos. Buscaron en sus antecedentes familiares cuál de los dos había dado en herencia esa enfermedad nerviosa al mayor de sus dos hijos. Las últimas investigaciones dicen que la epilepsia no necesariamente es un cuadro ligado a lo hereditario. Sucede un caso en un millón. Ese uno es Sandro.


Era un niño muy inteligente, pero retrocede cuando aparece esa actividad eléctrica anormal en la corteza de su cerebro. Retrocede porque pierde miles de células nerviosas. Se olvida de lo aprendido.

La junta médica de neurólogos ha determinado que Sandro debe usar un estimulador del nervio vago, instrumento que está adquiriendo Essalud para pacientes con epilepsia refractaria. Él será el primer beneficiario.


La epilepsia refractaria es aquella enfermedad cuyo tratamiento farmacológico, manejado por el neurólogo, ha fracasado. Cuando se llega a este punto, dice el neurocirujano Luis Bromley, gerente general del hospital Guillermo Almenara Irigoyen, se buscan alternativas de tipo quirúrgico.


–Primero se identifica el foco epileptógeno; si es pequeño, se hace una cirugía receptiva, sacamos esa área cerebral que genera las descargas eléctricas en el paciente. Permite disminuir la frecuencia e intensidad. Pero otras epilepsias tienen 10 focos epileptógenos en el cerebro, para estos casos existe la estimulación del nervio vago, para llegar a controlar, de manera paliativa, cierta frecuencia, cantidad e intensidad de crisis.


Bromley pertenece al grupo de médicos peruanos que desde 2012 empezó a estudiar la estimulación del nervio vago, un aporte de la neurocirugía al manejo de la epilepsia refractaria. En febrero del año siguiente iniciaron este tratamiento en el Perú con dos intervenciones de este tipo en el hospital Almenara, uno en el hospital Rebagliati y otro en la actividad privada.


“La mayoría de estos pacientes ha respondido favorablemente de manera progresiva. Significa ponernos a tono con el desarrollo tecnológico mundial”, cuenta el galeno. 
Estos años, el grupo de médicos ha trabajado una guía y un protocolo internacional para ver a qué tipo de pacientes se les colocará el simulador (ver recuadro).


“Un alto porcentaje de los pacientes son niños y les permite tener un nivel de vida mucho mejor. La idea es que puedan estudiar y ser autosuficientes. Cambiarles la vida a ellos y a sus familias”, sostiene Bromley. Recuerda que aliviar la frecuencia, cantidad e intensidad de las crisis “es un derecho que les corresponde como asegurados. Y ellos no pagan nada.” 


4.
Sandro se hospitalizó el lunes pasado para actualizar sus chequeos preoperatorios. Su hermanita encarga a sus padres, que se turnan para cuidar a Sandro, cartas desde su casa en Chorrillos.


–Mi hijo es consciente de su mal. De que ha ido empeorando. Hemos probado todo tipo de medicamentos, algunos le han caído muy mal. El año pasado le hicieron operaciones al cerebro, como no mejoró, el neurólogo dijo que requería la estimulación del nervio vago. Nosotros lo que esperamos es que él logre su independencia como ser humano, porque nosotros no somos eternos. Hemos hecho todo por él y seguiremos haciéndolo. Porque verlo retroceder es muy penoso. Muy triste.



¿Quiénes califican?
Los pacientes que son candidatos a este tratamiento paliativo son aquellos en quienes 1) los tratamientos farmacológicos no han dado solución durante dos años, después de ensayar varios medicamentos y varias combinaciones de los mismos (también califican los casos más agudos en los que los procedimientos médicos fracasan); 2) tienen diferentes focos epileptógenos en áreas distantes del cerebro; 3) la familia será capacitada ya que el electrodo se conecta a una batería colocada en una ‘camiseta’ a la altura del tórax del paciente. Y debe activarse vía control remoto las descargas de miliamperes: se realizarán programadamente y en aura, la etapa previa a la epilepsia.



Cifras
40,000 dólares cuesta cada estimulador del nervio vago, de tecnología norteamericana.
10% de los pacientes epilépticos llega a desarrollar epilepsia refractaria.

(*) Publicado en el Diario Oficial El Peruano, el martes 29 de noviembre de 2016. https://goo.gl/0kCS2M