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Lima, una ciudad amarilla


Publicado originalmente en la agencia Andina el 26 de diciembre.

José Vadillo Vila
Foto: Alberto Orbegoso

Como si fuera la Springfield de Homero Simpson, Lima, poco a poco, se está convirtiendo en una ciudad de color amarillo. El fenómeno no es nuevo. Se repite anualmente y su efecto aumenta mientras el calendario se acerca al último día del año.

Hoy, miércoles 26 de enero, los emporios mayoristas que alimentan a la capital –Gamarra y Mesa Redonda– despertaron ligeramente teñidas con la oferta de cotillones y prendas íntimas de este color primario que según alguna tradición del mundo globalizado, atrae a la buena suerte.


Arbolitos, nacimientos y demás productos navideños han quedado arrinconados para el próximo año. Mayoristas y minoristas empezaron a atender hoy a sus potenciales clientes a ritmo de las cumbias de moda; soplando pitos amarillos; cargando sobre sus cabezas sombreros de charros, charleston y dragonformes, amarillos; agitando pequeñas matracas y con “hawaianas” alrededor del cuello, valga la redundancia, también amarillos. El juego completo de cotillón (amarillo) cuesta cinco nuevos soles.

“Lima será completamente amarilla los días 30 y 31 de diciembre y 1 de enero”, nos cuentan al unísono los vendedores que ya tienen varios años en estas lides del comercio estacional. De esta Lima que en febrero se viste de flores y corazoncitos; en febrero-marzo, con el plomo de uniformes escolares; en mayo, de madres amorosas; en julio de escarapelas; en octubre de turrones y hábitos morados; y en diciembre de papanoeles y, claro, cotillones amarillos.


Novedades
El ingenio peruano no puede estar ausente de las celebraciones. Este año, la novedad viene por el lado de las piñatas. Un Alberto Fujimori vestido de reo, con un letrero que dice “Soy inocente” y otro de Manuel Burga, elegante en su terno, pero pegoteado de imágenes de la alegre oncena futbolera y con un letrero acorde, “Que siga la juerga”. Los puede encontrar en la siete del jirón Huallaga, a 20 nuevos soles cada uno. Los vendedores dicen que ya, en su primer día, las piñatas están “rayando”, entonces hacen proyecciones, y serán de los productos con más salida para recibir el 2008.

Hasta los agentes de la Municipalidad de Lima son amarillos. “En Mesa Redonda tenemos doce entradas, y hasta ahora los estibadores y los empresarios siguen haciendo problemas porque quieren entrar por donde no deben. Saben que hay vías de ingreso y de salida”, dice con pesar uno de los agentes de la Gerencia de Desarrollo Empresarial apostado en el cruce del jirón Ayacucho y Nicolás de Piérola.

Además de la Asociación de Estibadores de Mesa Redonda, las empresas pueden empadronar dos estibadores, pero no lo han hecho, y siguen haciendo problemas. También porque no quieren darse la vuelta hasta las zonas de ingreso.

A simple vista, el jirón Gamarra, cordón umbilical del emporio del mismo nombre, en La Victoria, aún no muestra su oferta. Sin embargo, esta ya está en el jirón América, a dos cuadras, donde ambulantes y tiendas de galerías ya venden al por mayor las prendas íntimas amarillas.


“Desde inicios de mes, ya vendemos las prendas amarillas, pero para provincias. En cambio hoy (miércoles) hemos empezado a vender para Lima”, cuenta la vendedora Haidé Bustamante. Lo que más sale este año son las tangas y boxer amarillos para las veinteañeras.

Más allá, el empresario Percy Cabrera huele a prendas femeninas. Ni él ni sus ocho empleados tienen tiempo para hablar de otra cosa que no sea calzones, tangas, trusas y calzoncillos. Entre rumas, de estos sexysy productos, dan la oferta a los minoristas que llegan de todo Lima. Hay prendas íntimas desde 6.5 a 24 nuevos soles, para todos los gustos, tamaños y calidades. Total, ni la costumbre ni la moda, aunque sea amarilla, incomodan. Salud.

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José Vadillo Vila
Foto: cortesía de Luis Gonzáles Taipe
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