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Los 80 de Cajahuaringa


Miembro de la Generación del 60, el pintor huarochirano Milner Cajahuaringa es uno más representativos de la pintura contemporánea peruana. El 29 de febrero cumplió 80 años de edad. Hoy, en Cieniguilla, vive en sus cuarteles de invierno. (*) 



Texto y fotos: José Vadillo Vila 

Los caballetes retozan como perros fieles, llevando sobre sus lomos lienzos, chisguetes de óleos, pinceles, por aquí y allá. En los jardines, en la antesala. Algo de polvo se acumula en cambio en el sótano del taller, donde ya no baja. Pero José Milner Cajahuaringa García pinta todo el tiempo; sin horarios y sin que le molesten. Se sienta frente al caballete que le plazca. "Hay gente que me hace perder la concentración... Me aíslo del mundo, ¿me comprende, paisa?". Mi cara debe estar lleno de interrogantes y el maestro me saca del marasmo: "Entender el arte es bien difícil. Hay que tener mucha personalidad: El arte tiene que estar muy abierto al mundo".

Es miércoles 29 de febrero. Hace trece años que Cajahurainga,  uno de los grandes nombres de la plástica peruana, vive aquí, en Cieneguilla, donde el sol tiene el color de los girasoles de Van Gogh todo el año. Casi olvidado, como aclaran sus amigos, sus familiares, el pintor comparte sus cuarteles de invierno con su esposa, Estela. Hoy, cumplirá los 80 años de edad. 

Tres días antes, el locutor Daniel Cuellar tomó los micrófonos de una radio A.M. y recordó a toda la provincia de Huarochirí que se venía el cumpleaños del maestro pintor, el más célebre artista de esta provincia limeña. Llegan bailando un grupo de huarochiranos con sus ropas típicas. Traen viandas, lo saludan. "Este es mi paisa", dice Cajahuaringa. Se arman las mesas en el amplio jardín de la casa del artista; va a ver "shactada", que es la costumbre comunal de cada diciembre, cuando se comparte flores, dulces, platos, vino, chicha. Y los 80 de Cajahuaringa son más que buen motivo.


Cajahuaringa  sobresalió en la pintura abstracta y es uno de los grandes figurativos: creó las pinturas flotantes y destacó en el retrato.

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"El arte es el arte", sonríe el maestro. "Pintar es el aire que respira", agrega Estela, su esposa. Hace 17 años que un derrame casi le borra el talento; tiene afasia empero continúa con la misma actitud de entrega frente al lienzo, como lo ha sido toda su vida. "Lo que le ayudó a recuperarse fueron sus ganas de pintar", cuenta Micaela, una de las dos hijas del artistas: Micaela, camarógrafa, radica en Brasil; Yura, violinista, en EE UU. Cuando el mal llegó para quedarse como una pesadilla sin horarios, Micaela le llevaba blocks donde su padre pintaba, y así recuperó sus movimientos. "Si mi papá hubiera sido abogado, periodista o ingeniero, por el problema del lenguaje que tiene no hubiera vuelto a ejercer. Pero él se sigue expresándose en su pintura".

Siempre la pintura formó parte de su vida. Luis Villacorta fue su compañero en la secundaria en el colegio Guadalupe. Cuenta que Milner era un alumno regular pero sobresalía en dibujo. Se volvieron "un poco bohemios": "nos íbamos a jugar cachito, al Negro Negro hasta la una o dos de la mañana". Una de esas noches, ante un reto de otro condiscípulo, Milner cogió una cartulina y con lapicero hizo un retrato de Villacorta, quien hasta hoy tiene en la sala de su casa el apunte.

Micaela gateaba entre pinceles y óleos porque cuando sus padres se casaron el taller quedaba en la misma casa, en el jirón Chota, en el centro de Lima. Después, Cajahuaringa compartía un taller con otros artistas. Y cuando sus padres se separaron, Milner llevaba a sus hijas siempre a los talleres, a alguna cafetería, a las galerías a recoger un cheque o ver a un cliente. "Entonces mis recuerdos están relacionados con su obra, con su memoria", cuenta Micaela.

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El hombre que viajó a la Argentina a estudiar Medicina pero terminó de pintor, nació en el distrito de Huarochirí. Su apellido es oriundo del anexo de Lupo. "Mire: todos los Cajahuaringa que hay en el mundo somos familia porque somos un único árbol", cuenta el escritor Eduardo Cajahuaringa, primo del pintor.

Había algunos artistas en la familia, claro. A Milner y sus dos hermanas, su papá les enseñó a jugar a pintar, a copiar con hoja de calca. Después siguió un curso de pintura en el jirón de la Unión. Y no se sorprendieron que cuando volvió de la Argentina trajera pinceles en vez del cartón de galeno. Luego la fama diríoan que hizo lo correcto.

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Julio Jorge Quispe Virhuez, "Quispejo", es el primer discípulo que tuvo Cajahuaringa en Bellas Artes. "Su generación, ha sido la de los grandes maestros. Brilló junto a Gerardo Chávez, Tilsa Tsuchiya y otros", explica. Cajahuaringa, a su vez, fue discípulo de Apurímac, un pintor olvidado, como muchos otros. Los medios se acuerdan sólo de Gerardo Chávez y Fernando de Szyszlo, ¿y el resto de maestros dónde están?", pregunta.

Uno de los sellos de Cajahuringa son los trapezoides que plasmó en sus lienzos, reivindicando a la arquitectura inca. "Los trapecios tuvieron una fuerza tan grande, que se hizo todo un movimiento en Latinoamérica y trascendió hasta Europa", cuenta el discípulo. "Cajahuaringa es complejo en todo sentido y llevó nuestra cultura a otros niveles". Tiene aportes también en la pintura abstracta y es uno de los grandes figurativos; creó también las "pinturas flotantes": creando la impresión que las figuras flotaban dentro del propio cuadro; amén de desnudos, de flores. "No hay otro más grande dentro del retrato figurativo, su trabajo es genial", agrega "Quispejo".

Otro Quispe, Luis Quispe Leyva, a quien Cajahuaringa bautizó "Quispekani", fue alumno de la última generación que sacó de la Escuela Nacional de Bellas Artes, en 1986. Luego, el maestro renunció a la Escuela por la presión interna que había sobre sus puntos de vista acerca de lo que se debía de enseñar y también porque nunca estuvo de acuerdo con las "vacas sagradas", como decía. "Cajahuaringa es uno de los propulsores del arte con raíces peruanas y la llevó a un nivel internacional", dice "Quispekani".

La genialidad artística de Cajahuaringa, no le impidió promover la renovación de la plástica nacional. Sus discípulos lo recuerdan como un profesor que daba completa libertad. "No se preocupaba en que salga un nuevo Cajahuaringa, buscaba que cada uno tenga su línea". Y tomaron distintos caminos: realistas, surrealistas, costumbristas.

Promovió la creación de dos grupos desde la década de los setentas. Primero, con "Pichqa" (cinco en quechua), después Puka Kuntur ("cóndor rojo"). "Antes solo podían exponer los maestros de la Escuela y las vacas sagradas. Durante más de 20 años los egresados de Bellas Artes se perdían en profesorado, o la ilustración", explica "Quispejo". Con estos grupos, Cajahuaringa llevó a sus alumnos a exponer en redacciones de periódicos, en conventos, clubes sociales, hasta que lograron entrar a los museos y, finalmente, a las galerías. Es algo que sus discípulos agradecen.

Empero desde su taller en la avenida Arica, en Breña, promovió viernes culturales y abrió brazos a otras artes. Cajahuaringa también fue músico y tocaba la quena. Su figura también inspiró en otras artes: se dice que tuvo que ver mucho con la genial versión de "El Cóndor Pasa" que grabó el grupo de música latinoamericana Wayanay. "El maestro siempre decía que primero somos tahuantinsuyanos y pintaba a los españoles como monstruos; también ponía apelativos incas, como parte de su compromiso por revalorar el arte y la pintura", explica "Quipekani".

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Hace casi una década que se realizó la última retrospectiva de su obra. En enero, sus alumnos le hicieron una exposición-homenaje en el Cafae-SE de San Isidro. "Siento que ha faltado publicar un buen libro que resuma su obra y tal vez que se le haya reconocido más su trabajo", comenta Micaela, la hija. Ella y su hermana viven en el extranjero y su padre no está bien de salud para poder hacer la propia difusión de su obra. El locutor huarochirano Daniel Cuellar cuenta que Cajahuaringa y su esposa viven sólo de la pequeña pensión que el pintor recibe de sus años de maestro de Bellas Artes. "Falta darle más reconocimiento", alza la voz. Pero el maestro se aleja, toma el pincel, lo hunde entre violetas, azules, naranjas. Es momento de retirarse: La inspiración le ha tocado el hombro.

(*) Publicado el lunes 05 de marzo de 2012 en el semanario Variedades del diario oficial El Peruano.

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