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Las fiestas para un Niño


En el barrio de San Cristóbal, en la parte alta de la ciudad del Cusco, hay un Niño de Reyes, un patrón a quien se le celebra a lo grande cada inicio del año. Estas fiestas son una marca de su mestizaje y de la manera propia de los pueblos de entender la fe católica. (*)

Sólo los niños pueden llevar las andas del Niño de San Cristóbal. Foto: Jack Ramón.

Escribe: José Vadillo Vila
Fotos: Jack Ramón Morales

Los niños -los de verdad y los de yeso; los de materia noble y los de material noble- se topan de a codos en las bancas. Algunos están desde antes de las siete de la mañana. Hoy es 6 del primer mes del año y el Niño Patrón de San Cristóbal nos aguarda en su templo de adobe y piedra; pisos de tierra y atrios vacíos por las circunstancias. "Él es el amo; él es el patrón de aquí", me explicarán.

A esta hora en que el sol cae en perpendicular sobre el Cusco, vamos subiendo. Hasta estas faldas del cerro Colcampata son cinco minutos en taxi desde la plaza de armas de la ciudad imperial. Le comento al taxista que he visto desde la mañana desfilar por la plaza de armas a otros Niños en andas, con bailarines altiplánicos de caporales o morenadas; me han dicho que son también Niños de Praga, Niños de Reyes; y los turistas han sido felices retratándolos. "¡Esos son herejes, cómo se va a homenajear al Niño en minifaldas!", da por zanjado el tema el chofer, escupiendo a un lado. El mismo rostro de disgusto también lo repetían otros cusqueños viendo desde el atrio de la Catedral el paso de estos otros Niños con comparsas de sayas y tinkus. "Así no es la tradición, señor", decían bajito.

Desde la plaza del San Cristóbal se logra una panorámica incondicional de la ciudad imperial. Es soleado pero al fondo las nubes andan encabritadas, oscuras, dándole un tono pastel a la postal. Más atrasito nuestro, empiezan las paredes de la fortaleza de Sacsayhuamán, a donde acuden las cousters como fila de hormigas, con turistas de todas partes, que miran sorprendidos hacia la plaza de esta iglesia que tiene forma de cruz, una sola nave, y empezó a construirse en el siglo XVI.

Ese Niño que lleva en sus manos un mundo, un orbe real que llaman, como los niños de carne y hueso llevan la pelota de fútbol con orgullo para la pichanga. Pero el orbe real representa el poder del infante mayor del catolicismo sobre la Tierra.
Llaman "herejes" a los bailarines altiplánicos que danzan para los Niños en Bajada de Reyes.




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La plaza revienta de sincretismo. Las músicas se superponen -conjunto tradicional, orquesta internacional y banda de metales peleándose por las preponderancia de las ondas sonoras-, ambulantes y vianderas, decenas de cajas de cervezas, mocosos correteando por ahí y Niños Jesucitos sentaditos en sillas de madera o sobre los regazos de mujeres y hombres que comen "cuchicara", "pepián de cuy", "pollo al horno", sopa con chiriuchu; que brindan con cerveza al tiempo, mientras el suelo empedrado se torna pegajoso y algunos turistas se mezclan por aquí y por allá.
Todos esperan los minutos que faltan, ya va a salir el Niño de cabellos largos de San Cristóbal, dicen; ese Niño que lleva en sus manos un mundo, un orbe real que llaman, como los niños de carne y hueso llevan la pelota de fútbol con orgullo para la pichanga. Pero el orbe real representa el poder del infante mayor del catolicismo sobre la Tierra. Ya va a salir, repiten, y dentro de la iglesia viejita un joven dirige a un grupo de entusiastas de varones que acomodan al Niño en su breve anda. Las mujeres sacan imágenes en sus celulares, así es la feligresía católica a inicios del siglo XXI.

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Afuera, la bulla va in crescendo, por los hombres, mujeres y niños, todos son del barrio de San Cristóbal y sus invitados. Han subido con sus Niños Jesucitos en brazos a escuchar las misas de media hora. Luego otra familia y sus invitados han tomado su lugar, ocupando las bancas, como también lo han hecho sus padres o sus abuelos.

Adentro, en el templo de San Cristóbal, los altares están con plásticos, todos los santos están guardados en un espacio de esta iglesia en forma de cruz.

"Todos los del barrio estamos muy apenados. ¡Cómo el Ministerio de Cultura puede descuidarse tanto, no ha rescatado el templo! Lo va a restaurar, dicen, pero se está pasando el tiempo y ya va ser el tercer año. Y aquí están las ruinas de Colcampata, y aquí recibimos a miles de turistas, que van o vuelven de Sacsayhuaman. Y para mí es una ofensa que se descuiden así, de esta manera, señor", me dice la señora María Cristina González Soncco.

A las 11 de la mañana, los González Soncco escucharon la misa llevando el Niño que cargaron en otras Bajadas de Reyes sus padres y sus abuelos. Luego se sirvieron una "champañada" y ahora empiezan a almorzar pollo y lechón, toman sus cervezas y los músicos se alistan en el estrado que la familia y los amigos más íntimos rodean sentados en sillitas de plástico. Mirando todo desde un pequeña anda llena de flores está el Niño de la familia que ha venido a saludar al Niño Patrón.

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El Niño de Reyes llega a la plaza de armas del Cusco por breves minutos.

Que les disculpen pero no todos los barrios del Cusco tienen el honor de tener su Niño de Reyes, me reprocha doña María Cristina. El mayordomo de este año del Niño de los González Soncco es César Gabriel, hijo de mi entrevistada. Fue elegido a dedo, tal como lo hicieron sus mayores. Ahora en esta familia es el turno de los nietos y bisnietos para seguir la tradición.

Pienso en lo caro que debe de resultar para un padrino armar banda, estrado, comida y trago en honor al Niño. En el caso de los González, todos colaboran. Hacen el "ccurca" a partir de noviembre, que es cuando el mayordomo y sus parientes más emblemáticos visitan con panes y comprometen a la familia y a los amigos a traer un chancho, cinco cajas de cerveza y etcétera para este 6 de enero.

Ya empiezan a afinarse las gargantas, a escucharse algunas melodías del barrio, "san, san, san Cristóbal, muchachos somos de san Cristóbal"... "Sancristobita, sancristobita".

Al otro extremo de la plaza entrevisto a Felicia Tarco de Miranda. Ha venido con la familia de su marido, trayendo el Niño que veneraban sus suegros. "Cada familia trae sus danzas", explica. Este año, los Miranda han traído el waca waca. También acostumbran darles juguetes a los infantes. A veces logran juntar hasta 500 juguetes. Los que quedan de la repartición del día, los dan a la iglesia para que los lleve a las comunidades campesinas.

Son algo de ocho familias que celebran esta tradición en la plaza de la iglesia de San Cristóbal. Suena las coplas, los contrapuntos de varones y mujeres, sólo acompañados con quenas y bombos; le llaman tupay. Este año le tocó ser mayordomo a Augusto Umedez. Su mamá empezó estos festejos hace dos décadas. Él y sus siete hermanos tiene su propia manera de organizarse: con tres meses de antelación empezaron a pasar tarjetas de invitación e incluye todo, la comida, la gaseosa, la cerveza, la música y la misa. Dice que se quedarán hasta las cinco de la tarde y que luego se irán a casa, a seguir, hasta el día siguiente.

Revientan los cohetes, hay murmullos de alegría, el Niño Patrón sale finalmente. Sólo se permite que lleven las andas los niños, es la costumbre. Van hacia la plaza de Armas del Cusco, cuesta abajo... 
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La muerte, según la tradicional "Danza del Chucchu".

Revientan los cohetes, hay murmullos de alegría, el Niño Patrón sale finalmente. Sólo se permite que lleven las andas los niños, es la costumbre. Van hacia la plaza de Armas del Cusco, cuesta abajo por la Uriel García; luego toman la empedrada y angosta Suecia. Al Niño Patrón le abre paso "la danza del Chucchu", exclusiva también de niños. Los hombres son sólo los músicos, el público. Sólo uno, Fernando Pancorvo, con máscara de calavera medio amarillo, interviene. Es el "chucchu", representa al paludismo o la fiebre amarilla, y cuando llega, la gente se tira al suelo, tiembla, eso representa la danza homónima que han traído por primera vez para festejarle al Niño. Los niños se tiran al suelo y se dejan curar, suenan los cohetes, el Niño Patrón sube otra vez a su barrio de San Cristóbal. Quiere llover, pero el cielo se contiene, despide al Niño en su fiesta de Bajada de Reyes.

(*) Publicado el lunes 23 de enero de 2012 en el semanario Variedades del diario oficial El Peruano

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