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El jazz aterrizó en Pamplona



Escribe: José Vadillo Vila
Fotos: Óscar Farje / agencia de noticias Andina

1.
Los cerros de Pamplona Alta parecen árboles negros con sus foquitos amarillos en hileras perfectas. Se pierden cuesta arriba, hacia lo infinito, y hacia abajo, entrelazándose con Lima la gris.

“¡Ahí es el tono!”, pasaban la voz los mototaxistas la noche del último 24, refiriéndose a la música nueva y fresca que empezaba a emanar de Alfonso Ugarte, zona a tiro de piedra del paradero ‘El Sapo’, en Pamplona Alta, corazón del distrito de San Juan de Miraflores.

Como si estuviésemos en Hollywood, una alfombra roja se desplegó entre las manzanas K y M. Ahí, junto a un sapo –el símbolo del sello musical Saponegro–, tirios y troyanos se tomaban libremente las fotos para el recuerdo.

Inclusive los perros del barrio llegaban curiosos a olisquear a los foráneos, que éramos muchos: algunos llegamos desde otras zonas de la capital; amén de los 34 extranjeros de Canadá, Estados Unidos y Alemania amantes del jazz que han llegado en el Tour Perú y que en Pamplona Alta terminaban su periplo por Lima y Chincha acompañando en sus presentaciones al trompetista Gabriel Alegría y su sexteto de jazz afroperuano.


2.
Entre la K y la M, la calle se cerró para montar el enorme escenario. Solo lo adornó media docena de bombillas –¡para qué más!– y una enorme gigantografía de Freddy ‘Huevito’ Lobatón, el vecino del barrio que es cajonero del proyecto de Alegría; que vive en Estados Unidos, pero que cada vez que vuelve al terruño se queda aquí, en su barrio, Pamplona Alta.

“Aquí estamos regalando un poco de música para mi gente, para mi familia. Voy a hacer todos los años un concierto gratis para mi barrio, para que escuchen música”, jura ‘Huevito’, que creció aquí, junto a sus siete hermanos, desde que Pamplona Alta era solo arenal.

Han llegado para verlo en escena sus viejos –mejor antiguos– compañeros de los grupos musicales de las peñas criollas. Ellos se confunden entre los turistas y los vecinos que agarraron zona VIP pegando sus sillas a las ventanas desde sus segundos pisos.


3.
La noche era joven: dos hermanos adolescentes calentaron al público ofreciendo versiones de valses como “Y se llama Perú” y “Cada domingo a las doce”.

A un costado del escenario, la casa de la familia Lobatón servía tanto de camerinos para los artistas como puesto de ventas de anticuchos y bebidas espirituosas. “Es algo maravilloso. Yo, en realidad, nunca había visto a mi hermano con el grupo. Y es la primera vez que voy a gozarlos”, contó Rosalina, una de los siete hermanos de ‘Huevito’.

Es el sexto año que Gabriel Alegría y su sexteto realizan giras que incluyen presentaciones gratuitas en barrios que escogen, cada año, en Lima y Chincha. Debido al éxito que han visto en este último periplo, Gabriel dice que están pensando retomar el festival de jazz internacional que promovían, pero que el formato será distinto: quieren que los amantes del jazz chapen su combi y vengan a estos barrios alejados de los círculos formales a ver en escena a los grandes músicos del jazz mundial.

4.
Alegría contó que ya firmó un convenio con la radio 88.3 WBGO de Nueva Jersey, una de las radioemisoras más importantes en jazz de Estados Unidos, para que auspicien y difundan información sobre la banda y sus conciertos, lo que permitirá entusiasmar a más turistas melómanos interesados en conocer al Perú de una manera distinta. Y llevar esta música a barrios periféricos de la gran Lima. Es la meta. 


Gabriel mira su reloj, es el momento, dijo. Las butacas de sillas de plástico están repletas. Todos esperan al estelar. Los relojes van en busca de las diez de la noche, entonces es el momento que sube ‘Huevito’ Lobatón y se apodera del cajón; Yuri Juárez toma por la cintura a su guitarra; Laura Andrea Leguía toma el saxo; Gabriel, la trompeta; Mario Cuba saca el enorme contrabajo; el ‘Puma’ Hugo Alcázar saca las baquetes y da los primeros compases. Entonces sobre el aire empieza a dibujarse una versión lozana y vigorosa del “Toro mata”. Así arrancó la noche para Gabriel Alegría y su sexteto de jazz afroperuano en Pamplona Alta la noche del lunes. Esa será la nueva banda sonora de las noches en esta esquina de la ciudad. 

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José Vadillo Vila
Foto: cortesía de Luis Gonzáles Taipe
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