Acuarela, hija del Misti
Escribe: José Vadillo Vila
Aseguran que la culpable es la transparencia en la luz.
Aquella luminosidad en la atmósfera permite mirar 'más de cerca' los volcanes, las
campiñas, los paisajes. Una luz ideal para los artistas, como opinó, a su paso
por estos lares, el pintor inglés John Constable, cuando hace casi dos siglos
visitó Arequipa, la Ciudad Blanca. Para otros, el asunto es una cuestión
socio-cultural
El largo e
intenso romance de la técnica de la acuarela con los artistas arequipeños es
una verdad 'casi absoluta', como dice el investigador Omar Zevallos Velarde,
quien acaba de editar el libro Los acuarelistas arequipeños 1840-1940:
"En Arequipa, la acuarela pasó de ser un simple arte de aprendizaje para
noveles artistas y se convirtió en arte mayor". No sólo eso, no hay pintor
arequipeño que no conozca y domine la acuarela como instrumento de expresión.
Empirismo antes
que teoría: los ganadores y finalistas de los concursos nacionales de acuarela
casi siempre, como si fuese una cuestión natural, son arequipeños.
CLAVE SIGLO XIX
Para establecer el génesis de este romance entre técnica y
artistas characatos, el periodista Omar Zevallos realizó una investigación que
le tomó dos años y medio. Dio con las exiguas publicaciones sobre la materia
tras sumergirse en bibliotecas; atisbando en colecciones privadas las acuarelas
sobrevivientes que hablaban de una Arequipa que ya partió junto a sus
carruajes, lavanderas, paisajes, callejuelas y personajes del anteayer.
El dato ya es
certero: la acuarela llegó a la Ciudad Blanca a mediados del siglo XIX. Vino de
la mano del artista Fernando Zeballos (1840-1900), quien se había formado en
Europa gracias a una beca otorgada por el clérigo arequipeño Juan Sebastián de
Goyeneche y Barreda.
Zeballos se
trajo un centenar de láminas didácticas del Museo de Louvre que hasta hoy se
conservan en Arequipa. Dicen que en retribución a lo aprendido en el Viejo
Mundo, Zeballos empezó a propagar la técnica de la acuarela en la Ciudad Blanca
y con ella, el romanticismo, una corriente que ya estaba pasando de moda en los
círculos culturales. De ahí el amor al paisaje.
Si la acuarela
da la característica principal de las artes pictóricas a Arequipa, eso se debe,
entre otras razones, a que era una técnica mucho más económica que el óleo, a
que era mucho más fácil para trasladarse y viajar, y a que seca rápidamente. El
amor de los artistas characatos por los pinceles es más remoto: los sacerdotes
de la urbe sureña tenían un gran número de artistas que trabajaban para
satisfacer las demandas de cuadros religiosos.
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Periodista y caricaturista Omar Zevallos, autor de la investigación. Foto: César Campos/Agencia Andina |
En sus 287 páginas, el libro presenta trabajos de figuras de la acuarela arequipeña como los hermanos Núñez Ureta, Baca-Flor, Nava, Osorio, Mansilla y muchos otros.
LEGADO QUE SE BORRA
El Zeballos que trajo la acuarela tuvo entre sus alumnos a
José Álvarez y José Luis Villanueva. Ellos difundirían la técnica durante tres
décadas, desde el Centro Artístico de Arequipa, un espacio que destacaría en
las artes y la intelectualidad.
Para Omar
Zevallos, se trata de "la primera institución pionera del arte en el Perú,
pues entonces no existía ni la Escuela de Bellas Artes". Entre los muchos
artistas que formó dicho centro se encuentran, por ejemplo, los hermanos Vargas
y el inventor Pedro Paulet.
Si bien el
Centro Artístico de Arequipa fue muy importante para toda la región sur del
país, porque creó toda una corriente pictórica y artística -como dice
Zevallos-, su legado se fue perdiendo en el tiempo. Hoy, ni los centros
educativos, que prefieren la enseñanza del arte a partir de la témpera, ni los
centros de enseñanza superior, como la Escuela de Bellas Artes de Arequipa y la
Escuela de Artes de la Universidad San Agustín, enseñan esta técnica.
¿HAY ACUARELA PARA RATO?
"Querían evitar que se genere el paisajismo fácil en
los alumnos; se ha ido olvidando la tradición de salir a pintar al campo,
aparte que Arequipa ha ido perdiendo su campiña. La técnica de la acuarela es
difícil de aprender pero fácil de aplicar luego, cuando la dominas. Hoy los
artistas fotografían los paisajes que les interesan y pintan en sus talleres.
También se ha perdido porque no hay buenos profesores que enseñen la
acuarela", asevera, tajante, Zevallos
A eso se suma
el que las obras en acuarela, debido a lo difícil que resulta conservar sus
colores, también se están perdiendo y el mercado del arte prefiere hoy en día
los óleos, que se acercan más a la idea de la inmortalidad de la obra
artística.
Pero el tema no
se agota. La acuarela arequipeña, gracias a algunos artistas, también se aleja
del paisaje y está en propuestas más conceptuales que han logrado premios
incluso internacionales. Es decir, la tradición, gracias al interés de los
artistas mistianos, sigue y tiene para rato.
Por eso,
Zevallos prepara un segundo volumen de Los Acuarelistas Arequipeños, esta vez,
desde 1940 hasta los nuevos y premiados artistas, nacidos alrededor de 1980.
Los pinceles se lo agradecen.