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En el nombre de Rocky




Escribe.- José Vadillo Vila
Fotos: Juan Carlos Guzmán / agencia de noticias Andina

La oficina de Walter Huamán la cuidan varios Rockys. Miran con cara de pocas pulgas. El Rocky Balboa de las películas protagonizadas por Sylvester Stallone y los que nos desafían en versión de fibra de vidrio miden 1.75 metros. El empresario Walter Huamán Horna (36) dice que es la verdadera talla del actor estadounidense, dato que solo saben los superfans como él. Ha creado, junto con un equipo de seis artistas, bustos y esculturas de alta precisión que llama réplicas y que se asemejan hasta en la sangre del pómulo reventado al boxeador del sur de Filadelfia, que ha aparecido –hasta el momento– en seis cintas, llenando de golpes el imaginario popular.

 El amor por un personaje puede ser hereditario. Walter tenía 5 años de edad cuando tapado entre las sábanas y la medianoche veía en el canal 5 las cintas del boxeador de rostro duro. A su papá también le gustaban el boxeo y Rocky. Se vestía como el personaje, con capucha, con gorrita, salía a correr a la playa, a pesar de que sufría de asma. Claro, luchar para conseguirla es la filosofía de Rocky, un chico de origen italiano de los barrios bravos de Filadelfia que entrena duro y pone sobre las cuerdas, en el decimoquinto asalto, al campeón mundial Apollo Creed.

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Todos los Rockys de fibra de vidrio que tenemos alrededor se irán al extranjero. Walter no tiene ni la primera réplica que hizo hace 10 años porque también se la compró un coleccionista gringo. Él ha hecho de su fanatismo un negocio: dirige la empresa Walt Wizard (www.waltwizard.com), que ya conocen los coleccionistas del orbe.

Hace una década, Walter se afanaba en hacer réplicas de ropas del boxeador lo más exactas posible. Perfeccionista, copió al más mínimo detalle la famosa casaca de tigre que usó Rocky II. También hizo el short que usa Rocky en sus peleas. Nos desasna: no son los mismos pantalones cortos, sino que en cada película varían color, número de líneas y otros detalles aptos para fanáticos. "Puse las fotos en internet y vi la posibilidad de un negocio cuando la gente me pedía más objetos: el cinturón, las botas". Así se lanzó al siguiente objetivo: hacer a Rocky de tamaño natural. No existía en el mercado, solo ocupado por los Darth Vaders o los héroes de la Marvel.

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Hoy, cuenta, muchos lo están copiando, "pero lo hacen sin calidad". "Lo que marca la diferencia en este negocio es la pasión. Soy un coleccionista desde niño, y muy detallista, siempre investigo. Busco el color, el tono, el brillo exacto". La meta es hacer las réplicas lo más parecidas a lo real, es lo que exigen los conocedores. Si bien la mano de obra es de artistas peruanos, Huamán trabaja con material importado de Nueva York o Los Ángeles, desde la resina especial para que la piel y los ojos, la pupila y el iris se asemejen al máximo.

Aunque ingeniero industrial, Huamán es, sobre todo, el director de orquesta de los seis artistas con los que crea sus personajes. Está presente en todo el proceso: dibujo, modelado, vaciado, pintado, los detalles como cejas, pelos, y la ropa, que elige personalmente.

El propio Stallone tiene desde el año pasado, en su mansión de Beverly Hills, una escultura de Rocky I. El empresario peruano la llevó personalmente hasta Los Ángeles a pedido de Frank, el hermano de Sly (como es conocido familiarmente Sylvester) que se había enterado por internet de los trabajos de este peruano. El mustio actor, con una sonrisa de medio lado, aprobó la obra. Huamán tiene en su oficina la réplica del cinturón de la primera película de la saga, que Stallone se la autografió: "For Walter. Keep punching, Rocky".

 No era la primera vez que se veían cara a cara. En febrero de 2006, Huamán convenció a su esposa de celebrar su luna de miel en Nueva York y Filadelfia. En realidad fue todo planificado porque Stallone, lo sabía por los foros de fans, se preparaba para filmar las escenas de Rocky Balboa entrenando y nuevamente iba a subir por las famosas escaleras del Museo de Arte de Filadelfia, tal como lo hizo desde la primera cinta. Todo estuvo a favor de Huamán y ese día estuvo presente durante los únicos 20 minutos que el actor estuvo ahí con su staff de filmación para practicar la escena. Y logró tomarse una foto con su ídolo.

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Pero no solo hace Rockys. Es un negocio y Huamán ya tiene pedidos de distintos personajes. Ahora elabora un Christopher Reeve en los pantalones de Superman de 1.90 metros, un Rocky I y un Salma Khan, a pedido de un coleccionista de Pakistán. Tiene también que hacer un Han Solo de tamaño natural y una Angelina Jolie en sus tiempos de Tomb Raider, que le han pedido clientes de Reino Unido, Japón, Estados Unidos y Europa.

Al dueño de Walt Wizard, sus dos socios extranjeros le han ofrecido un lugar para que traslade su sede a Estados Unidos, pero él dice no. "Lo bueno es que puede hacerse hoy todo por internet". Su próxima meta es participar en las famosas Comic Con, convenciones internacionales sobre historietas que se realizan en Nueva York. Además, busca a las productoras cinematográficas para que sus productos salgan licenciados y pueda hacer ediciones limitadas para coleccionistas.

Está convencido de que gracias al crecimiento económico del país hay un mercado potencial para las réplicas en el Perú. No solo un mercado con réplicas de figuras del cine mundial, sino que se pueden crear efigies de deportistas de moda –un Paolo Guerrero de tamaño real– o personajes históricos, como Grau o Bolognesi. Él está dispuesto a poner toda su dedicación en cada pieza y cuidarlos como a sus Rockys. Palabra de campeón. 


1,500 dólares cuesta una réplica de fibra de vidrio. El valor se elevará dependiendo del detalle que se requiera de cada personaje.

(*) Publicado el martes 2 de julio de 2013, en el diario oficial El Peruano.

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