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El baile de los gozan

¿Pueden dos tornamesas congregar a cientos de seguidores? "Descarga en el barrio", el evento de salsa dura más esperado por los seguidores del género desde hace más de una década, enseña que no hay que se achorado para apreciar la salsa dura, que se puede convivir en democracia expertos y vírgenes salseros. Y sobre todo, que se puede gozar en un ambiente familiar, sin violencia. (Publicado el lunes 07 de noviembre de 2011 en el semanario Variedades del diario oficial El Peruano)

Escribe: José Vadillo Vila / Fotos: Piero Vargas



Algunas noches del año -sólo algunas, caray-, el coliseo al fondo del número 159 del jirón Cervantes, en el Cercado de Lima, se convierte en un templo donde los devotos de la salsa apellidada dura acuden con sus mejores galas. Todos viene a ver la magia que sale de las dos tornamesas, que alumbran esta suerte de altar que otros llamarían entarimado.

Yvonne Córdova Zárate ha venido bella y lista para el baile esta noche. Junto a su hermano Omar, sus dos hermanas y su mamá Antonia, iniciaron los descargas, primero como "Tumbao presenta Descarga en el barrio", en la cuadra 23 de la avenida Petit Thouars, un 1 de marzo de hace 14 años, cuando aún los apagones eran parte de la cotidianeidad.

Para los Córdova Zárate, que son de Pueblo Libre, la salsa es vital como el aire. Les viene del abuelo, el papá y la mamá, melómanos todos, que se traían en barcos salsa manufacturada en Nueva York. Y las compartían en veladas cada fin de semana con los amigos. Ese mismo espíritu se ha traslado a los Descargas: compartir en sana amistad la buena salsa.

Llega gente de toda edad, en familias; bailan, con respeto, jóvenes y mayores. "Las únicas normas que tenemos es el respeto, el compartir y acoger a la gente nueva como si fueran uno más".
Este año, los Descargas serán siete (el último de 2011 será el primer sábado de diciembre en la misma dirección). Cada uno tiene una temática distinta, que se afilan con los miles de elepés y cidis que atesoran los Córdova. Dos seguidores, Sandro Delgado y Betty Vega, explican que esto es "música recontra rebuscada, para conocedores de salsa, desde los sesentas hasta hoy". Cosa mayor. El último sábado de octubre, los homenajeados fueron los hermanos Charlie y Eddie Palmieri. "¡Gracias Palmieri!", gritó Omar Córdova a la medianoche soltando la aguja que acarició sobre el tornamesa los surcos del longplay y el tonazo llegó a su máxima expresión.

Más de mil personas llegan a cada descarga por la salsa y el ambiente. "Queríamos quitar la idea de que la salsa es pelea, es sinónimo de vulgaridad, es achorada, lumpen", explica Yvonne. Y esa buena fama los ha hecho más conocidos, como antítesis a los famosos salsódromos:

Llega gente de toda edad, en familias; bailan, con respeto, jóvenes y mayores. "Las únicas normas que tenemos es el respeto, el compartir y acoger a la gente nueva como si fueran uno más". Arriba del estrado, Omar ordena los álbumes que se sucederán en los dos tornamesas. Abajo, conviven en la misma pista el salsero con varias "descargas" en su haber junto al roquero debutante en las lides del ritmo caliente; los barbudos estudiantes de universidad pituca que, a su manera, poguean la salsa. Hay extranjeros, colombianos, venezolanos, centroamericanos, unos gringos flacos como quijotes que han venido más que a bailar, a saltar, con jolgorio. Incluso ha llegado una vietnamesa para hacer más bizarro este encuentro.

Para los Córdova Zárate, que son de Pueblo Libre, la salsa es vital como el aire. Les viene del abuelo, el papá y la mamá, melómanos todos, que se traían en barcos salsa manufacturada en Nueva York. Y las compartían en veladas cada fin de semana con los amigos.
Otros bailan sólo entre amigos o amigas, y hacen con las palmas el sal-sal-sal, sal-sa. Se corean las canciones de los Palmieri. "El perreo no existe, la salsa es lo mejor", me grita Teresa Leonor Ramos, negra de cabellera en tinta dorada, que viene desde el Callao y también es caserita, con toda su familia, hasta los sobrinos nietos, del "Descarga".

Sí, como Eduardo Miguel Saldaña, son acólitos de años de esta secta del buen sabor llegan de los barrios sabrosos (de Breña, Barrios Altos, El Callao, verbigracia). Pero no son todos. Brenda García, de La Molina, ha traído gente que ha venido a regañadientes, con prejuicios, y se han convertido en seguidores del descarga. Así, cada noche que cobra vida el "Descarga", suma más de mil personas sudando en el coliseo de la Asociación de Trabajadores de la Municipalidad del Ministerio de Transportes y Comunicaciones. Las canciones se suceden y de dos quioscos emergen las cervezas al polo, las inkakolas refrescantes, para calmar la peor sed que origina este juego democrático donde no hay famosos y anónimos, sino sólo amantes de la salsa con clase, que nunca escucharás en la radio sólo en una "Descarga".

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José Vadillo Vila
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