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Bolognesi: La virtud de la fortaleza



El coronel Francisco Bolognesi es un símbolo de lo mejor de la peruanidad: aislado y sin recursos, en Arica dio lucha por el ideal de la Nación. Hoy conmemoramos el bicentenario de su natalicio. (*)



“Mi última palabra es quemar el último cartucho. Viva el Perú”.
–Bolognesi.
Telegrama Oficial publicado en El Peruano el 10 de junio de 1880.


Escribe: José Vadillo Vila
Un documental, Francisco Bolognesi: Tengo deberes sagrados que cumplir, que contextualiza los días previos a la batalla del 7 de junio de 1880 y nos remite a la frase que tiene vínculos de sangre con los peruanos, una moneda conmemorativa en la que resalta otra frase que cinceló para la eternidad de la bicolor y que sería lucha contra la corrupción (“…que no crean que mi deber tuvo precio”), ceremonias diversas en el ámbito militar, conferencias, un trofeo futbolístico en el Cusco y una maratón en Tacna, permiten a los peruanos refrescar la memoria y homenajear a Francisco Bolognesi Cervantes (1816-1880)a 200 años de su nacimiento.

Mas el héroe de la Batalla de Arica, como dice Mauricio Novoa en el libro Bolognesi (2015), “es parte integral de nuestra geografía, instituciones y afectos”. Está presente en nuestra cotidianidad. “Desde su efigie en el arco de Tacna hasta la avenida Bolognesi de Tumbes; desde el poblado Bolognesi en Maynas, frontera con Brasil, hasta la provincia con el mismo nombre en Áncash puede decirse que el Perú comienza y termina con el nombre de Bolognesi”. 

El miércoles, en el Museo Fortaleza del Real Felipe del Callao se reinauguró el monumento al Soldado Desconocido y la réplica de la Casa de la Respuesta de Arica, que alberga la colección de 21 pinturas inspiradas en diversos momentos de la Guerra del Pacífico (1879-1883). Esta semana, también, el Banco Central de Reserva (BCR) presentó la moneda conmemorativa de plata por los 200 años del nacimiento del héroe nacional.

Hace poco, 95 de los 130 congresistas aprobaron una moción de saludo por el bicentenario del ‘Titán de Arica’. Se podría decir que no hubo mezquindades políticas: todas las bancadas saludaron así la egregia figura del militar limeño y resaltaron sus virtudes. 

“La figura de Francisco Bolognesi es un elemento de integración nacional. Es difícil encontrar consensos; sin embargo, hay algunas cosas que convertimos, como peruanos, en un espacio único, y creo que Bolognesi es uno de ellos”, dice el cineasta Luis Cam.

Génesis del héroe

El ojo sobre la vida de Bolognesi ha girado cuando el hombre de 62 años vuelve a vestir el uniforme militar al llamado de la Patria y se pone al frente de la guarnición de Arica.

Francisco fue hijo del violinista y violonchelista genovés Andrés Bolognesi, quien arribó al Perú en 1807, y llegó a ser difusor de la ópera en Lima. Se le conocería en la capital como ‘el Divino Bolognesi’, por la calidad de su interpretación, explicaría el historiador Raúl Porras Barrenechea.

Contraería nupcias con la arequipeña Juana Cervantes, con quien tuvo 7 hijos. El futuro héroe nacería en la residencia familiar de la calle Los Afligidos, hoy número 125 del jirón Cailloma, Centro de Lima. El 8 de noviembre de 1816 lo bautizaron en la parroquia de San Sebastián y su padrino sería el marqués de Montemira. A los 6 años, Francisco partiría con su familia a Arequipa, donde estudió en el colegio-seminario de San Jerónimo de la Ciudad Blanca.

Al terminar sus estudios comenzó a trabajar como tenedor de libros de la casa comercial Libris y Violler. Se casó en 1839 con María Josefa de la Fuente, pero también “tenía que ver por su madre y sus hermanos Juana, Manuel y Mariano Andrés”, recuerda el historiador sanmarquino Manuel Zanutelli en Francisco Bolognesi (En la paz y en la guerra) (2014). Se asoció a dos empresarios cusqueños y empezó a comerciar cascarilla y coca en las montañas de Carabaya.

Hacia 1844, tuvo un acercamiento inicial con Ramón Castilla, figura importante en su futura vida en las armas. Y en 1853 dejó sus actividades comerciales para enrolarse a la Guardia Nacional en Arequipa. Al año siguiente, se graduó con el grado de teniente coronel. Participó en la Batalla de La Palma, en las afueras de Lima, el 5 de enero de 1855, en calidad de comisario general. Ya hombre de confianza de Castilla, participó en la derrota de la rebelión del general Manuel Vivanco, en la ciudad de Arequipa (marzo de 1858).

Entre 1860-1862 viajó a Europa para comprar cañones. En 1865 volvió al Viejo Mundo con similar misión y realizó en 1870 un tercer viaje al otro lado del Atlántico en comisión militar. Cuando regresó, el presidente José Balta lo mantuvo sin colocación.

“A quien padecía esa situación, la vida diaria se le complicaba, porque estaba dentro y fuera del Ejército, al margen de las posibilidades de ascender y con una paga reducida al 50%. En consecuencia, era mejor irse. Muchos lo hacían, y Bolognesi no fue la excepción. En 1872 se retiró del Ejército y se convirtió en un indefinido”, escribe Zanutelli, quien resalta la calidad de hombre honrado de Bolognesi en sus misiones oficiales.

Este tiempo fuera de las armas le permitió acercarse a sus hijos limeños: Federico, Augusto y Enrique, fruto de su relación con Manuela Medrano, pero en 1879, Chile nos declaró la guerra y Bolognesi, entre otros de los mejores soldados de la Patria, volvió a vestir el uniforme militar. Le dieron el cargo de jefe de la segunda división del Ejército del Sur. El resto es historia.

Contextualizar la historia

Uno de las razones que movieron a Luis Cam a trabajar el documental que estrena hoy fue difundir el contexto de la valiosa frase que el coronel peruano ofreció al emisario chileno De la Cruz Salvo, cuando este, el 5 de junio de 1880, le pidió rendirse sin abrir fuego. “Tengo deberes sagrados que cumplir y los cumpliré hasta quemar el último cartucho”. 

El hoy Gran Mariscal del Perú y Patrono del Ejército pasó por un viacrucis junto con sus oficiales y hombres. Había enviado ocho telegramas a sus superiores pidiendo ayuda, sin recibir respuesta. Las tropas, tras el revés de la Batalla de Tacna, se habían marchado a la Sierra. Arica sufrió durante varios días el asedio de un Ejército chileno que era más de cinco veces superior al de los peruanos. Él y sus hombres –que eran sobre todo miembros de la Guardia Nacional– estaban abandonados a su suerte. A pesar de ello, a pesar de tener 13 tipos distintos de fusiles, dieron pelea para salvar el honor nacional. Y murió luchando, con su revólver Lefauchex de 1854 y la espada desenvainada. Ahora también se conocerá el contenido completo de las cartas que dejó Roque Sáenz Peña narrando la sangrienta lucha del Morro de Arica. La eternidad es el sitial donde mora la memoria de Bolognesi.

Datos

La moneda de plata que esta semana sacó en circulación el BCR por el bicentenario del héroe cuesta 117 soles. 

El Ejército ha realizado una romería a la Cripta de los Héroes y el Concurso Internacional Ecuestre en homenaje al coronel Bolognesi.

El martes 8 se proyectará el documental de 70 minutos en la Casa de la Respuesta, en Arica. Posteriormente, en Tacna, Moquegua y Arequipa, de donde provenían los hombres que pelearon en Arica.

(*) Publicado en el Diario Oficial El Peruano el viernes 4 de noviembre de 2016. 

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