Setenta y ocho páginas de punk
Lima subte (Lima, ediciones Altazor, 2012). |
José Vadillo Vila
vadillovila@gmail.com
El autor barajaba como primer nombre de su novela, Yo fui subte. Tras reuniones con su editor, el libro quedó finalmente con el
título final de Lima subte, una novela breve que el escritor chalaco e
hincha del Sport Boys, Ernesto Carlín escribió casi en un proceso surrealista, en
un mes, luego de enterarse de la muerte de Leo Bacteria, a fines de noviembre
de 2011; se trataba de un artista subte que el autor conocía personalmente.
Lima subte puede leerse como una nouvelle coral
de setenta y ocho páginas. Carlín no busca ficcionar a partir de lo que
significó el surgimiento del rock subte en la Lima de los ochenta. En este
sentido, el lector no se encontrará con una novela que tenga a la música en
primer plano; por el contrario, es la música de fondo sobre la cual se mueven
“Charly”, “Vero”, “Coco”, “Guillermo”, “Pablo”, sus personajes.
Lo que el autor hace a partir de las voces de ellos es
acercarnos a “Loquito”, un alter ego de Leo Bacteria: igual que el personaje de
carne y hueso, también es encontrado muerto en su departamento de Chorrillos;
también ha recorrido distintas corrientes dentro de la escena subte, como punk, stoner, hardcore y noise.
Tampoco los personajes que dicen conocerlo –en los conciertos, en la vida rápida y nocturna- pueden dar más pistas que lo que “Loquito”, melómano y músico sin formación, puede dar.
A grandes pasos se sabrá que escapó de las drogas pero que hasta
el final de sus días continuó afinando la voz en ron barato con coca-cola; y que
sigue amando la buena música subte. El de “Loquito” es un rompecabezas
incompleto, como el que todos tenemos de las personas que creemos conocer en la
vida diaria.
Lima subte es la tercera novela de Ernesto Carlín y su oficio como narrador es más eficiente: El libro puede leerse de un tirón gracias a la facilidad del
autor chalaco para intercalar personajes en capítulos breves y diálogos ágiles,
que dan chispazos de la vida subte de “Loquito” en los años ochenta, noventas y
su epílogo, a finales de 2011. Un personaje que en su pequeño universo se
consideraba un ser superior: “Yo soy como el rock and roll: eterno”, grita un personaje en algún momento, antes del fin.