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Salsa a calzón quitao

Lavoe nunca pisó el Callao, la salsa empezó a escucharse primero en los puertos y caletas del norte del país y también se le debe a la onda corta, son algunas de las investigaciones que el periodista Eloy Jáuregui describe con sabor en su libro Pa' Bravo Yo. Pura música. (Publicado en el semanario Variedades, del diario El Peruano, el lunes 11 de abril de 2011).


ESCRIBE: José Vadillo Vila


1. Advertencia, este libro puede sacar roncha a los chalacos de corazón. "Mi libro desmitifica, las creencias y los mitos que existen", dice Eloy Jáuregui sobre Pa' bravo yo (Lima, Mesa Redonda, 2011), sabroso escrito "en surquillano" de este hijo adoptivo de Jesús María; casi 200 páginas divididas donde el verbo parece bailar junto con los "glóbulos negros", los creadores de esa música sabrosa que nos regaló el Caribe y Nueva York y se apellida salsa.




Jáuregui ya está cansado de escuchar esa leyenda chalaca que dice que Héctor Lavoe, en su veintiúnica visita al Perú, en agosto de 1986, cuando actuó por seis efervescentes noches en la desaparecida Feria del Hogar, se perdió en las calles del Callao en una farra interminable; y que en los barrios del primer puerto muestren fotos de un flaco de espaldas y juran por su madrecita que es el intérprete de "Periódico de ayer". "Lo único que conoció fue el óvalo de La Perla, bajando por La Marina", pone el pare el escritor.




Eloy fue de los hombres de prensa que persiguieron al emblemático "rey de la puntualidad". Dice que llegó al Jorge Chávez, dejó sus documentos en el hotel Sheraton, donde se alojó su orquesta, y en seguida una camioneta blindada lo llevó a la casa del empresario minero Ábele, uno de los que hizo posible la llegada del boricua. "Y le echaron llave porque sabían que era un bandido". Igual, también dice que es una falacia esa que dice que en su primer viaje el dúo Willie Colón y Rubén Blades se perdieron en las calles del Callao.




Pero, ¿la salsa primero se escuchó y llegó (en forma de discos) al Primer Puerto o no? Falso también como promesa de candidato. "Como el tsunami, la salsa llegó también por el norte, por Paita", nos desasna. Los vaporinos, que iban calando entre los puertos, tuvieron la culpa que hoy gocemos con los glóbulos negros del melifluo y cadencioso ritmo. Jáuregui ha descubierto en puertos y caletas del sólido norte -llámese Salaverry, Paita, San José-, a grandes coleccionista de la salsa, que confirman su teoría. Y al sur, en puertos como Matarani o Ilo, también hay grandes coleccionistas.




La salsa llegó por barco y calzó como anillo al dedo con el imaginario de los peruanos más no con los chilenos ni argentinos, que tiran más rock y mejor al anglosajón. Para Eloy la empatía se dio por la herencia africana: no por menos festejo y landó no tienen grandes diferencias de compases rítmicos con habanera o rumba, acota. "Todos los negros venían calatos, tanto el príncipe como el obrero, lo único que no les pudieron quitar fue su religión y su música", dice.




Otro fenómeno adicional, que ayudó al crecimiento de esta música fue la onda corta: la radioafición era el internet de esos años, y con su antena, la gente buscaba las señales de las emisoras de Cuba, Miami, Puerto Rico y Panamá y así conocía de los cantantes y orquestas que en vivo ofrendaban su repertorio.



La salsa llegó por barco y calzó como anillo al dedo con el imaginario de los peruanos más no con los chilenos ni argentinos, que tiran más rock y mejor al anglosajón. Para Eloy la empatía se dio por la herencia africana...






2. Pa' bravo yo es "el primer modelo de un libro que trata de entender la fusión entre los movimientos sociales, culturales y los de jolgorio popular", y se circunscribe a tres momentos musicales de la salsa pegados con el contexto peruano:




Está la llegada del mambo en la década de los cincuenta tiempos de la dictadura de Odría -"una de las más fieras, verticales y sangrientas que hemos tenido"-. El mambo llega con el cine mexicano: Dámaso Pérez Prado le sacudía los ánimos de los melodramas. El popular "cara de foca" renovó y marcó una diferencia con los conjuntos cubanos como Matamoros y orquestas de la época, dando espacio para el soneo, para la descarga de los instrumentos, sobre todo de los vientos, ahí radicaba su genialidad.




El segundo momento histórico es de la Sonora Matancera, que llega, curiosamente, junto con la consolidación democrática con el primer gobierno de Fernando Belaúnde (1963-1968). Punto seguido, llega Juan Velasco Alvarado al poder y con el debacle de su gobierno aparece la Fania All Stars, ese conglomerado de minidisqueras neoyorquinas que impondrán el nuevo sonido, y cuya reunión en El Cheetah, en 1971, llegaría al Perú y sería ampliamente difundida.




Pero la salsa está atada al desarrollo de la difusión. Y será la pick-up, esas radiolas que se alquilaban en barrios populares para escuchar los discos de carbón de 78 RPM, los que también permitirán difundirán del cimbreante género. Luego se importarán las radiolas RCA Víctor, que traían la novedad de incluir radio y tornamesa, y aparecerán los discos elepés de vinilos, primero los long play y luego los breves discos de 45 RPM. Paralelamente, en el Perú aparecen las disqueras vinculadas a los broadcasting y empieza una industria.




Con el impacto del sonido de la Sonora Matancera, ya en 1965 un conjunto típica del Centro del Perú se lanza a grabar "La Chichera", una guaracha llevada a huaino, que sería el primer paso para la chicha, a decir del periodista. Y luego Luis Abanto Morales se mandaría a grabar el "Mambo de Machahuay". "Y los cholos empezaron a meter mano", agrega Eloy.




La pregunta queda entonces en el aire como un ovni sobre cielo limeño, ¿por qué el Perú no ha parido una gran orquesta de salsa? Eloy tiene la respuesta a flor de piel. "Creo que hubo mucha informalidad. En una época, teníamos orquestas como la Sonora de Lucho Macedo, la de Nico Estrada, la Capri, la del Callao, la Sensación de Mario Cavagnaro y los Mulatos del Caribe, pero hacían covers, imitaban ritmos que venían de afuera; pero no se necesitaban hacer cosas nacionales porque la otra (la foránea) sonaba mejor, ya estaba posicionado en el gusto de la gente. Y preferían repetir. Es lo que sucede hasta ahora".




La informalidad no sólo fue de los músicos nacionales sino de los empresarios, recuerda Eloy: aquí se metía "cabeza" a muchos músicos extranjeros y por eso muchos salseros no quisieron venir por años al Perú. "De repente tampoco era nuestra forma natural (la salsa), nuestro ritmo nacional, aunque siempre ha tenido el problema de saber cuál es nuestro ritmo nacional, porque no hay una música peruana, somos diversos y cada región tiene su tipo de música, su melodía".




Sobre los aportes peruanos al universo de la salsa, digo si queda todo en el bolero de Mario Cavagnaro, "Emborráchame de amor", cantado por Lavoe o "Todos vuelven", de César Miró, versionado por Rubén Blades; o la dirección musical del pianista rimense Lucho Cueto, radicado en la ciudad de los rascacielos. Eloy pone el pare, recuerda que hubo voces peruanas que aportaron a la Sonora Matancera, como Rubén de Alvarado, Ramón Avilés y Vicky Jiménez. Y que Alberto Cortéz se cuenta entre los pocos soneros que trabajan y cantan como se debe en la Europa nórdica. Además queda en la larga lista los nombres de Ramón Stagnaro y Alex Acuña.




Jáuregui es inquieto como descarga salsera, y justamente con Cueto están dando retoques a lo que será la primera ópera popular sobre Héctor Lavoe, un trabajo con actores, cantantes y músicos, que ya está casi terminado y contará sin clichés, la vida del "cantante de los cantantes". Será un gol de media cancha peruano. Sólo queda bailar lo escrito. Homenaje a Montero Las páginas de Pa' brayo yo -nombre de una canción homónima popularizada por Justo Betancourt- son también el homenaje de Jáuregui al periodista y matancero mayor Víctor Montero, quien elaboró deliciosas crónicas sobre la música caribeña, como la llegada de la Sonora Matancera al viejo aeropuerto de Limatambo durante el ochenio de Odría. Pa' bravo yo debe también su "soneo escrito" a las influencias de poetas y narradores cubanos, entre ellos el triste tigre Guillermo Cabrera Infante. Más libros El volumen es uno de los cuatro libros sobre música y contexto social y político que publicará Eloy Jáuregui. Para julio saldrá El Pirata. Historia de la música criolla en el Perú Luego editará Con una espina en el alma, sobre la historia del bolero. Finalmente, Del Grupo Colina al Grupo Cinco, acerca del reciente fenómeno de la cumbia.

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José Vadillo Vila
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