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Los yuyas por dentro

¿Cómo trabaja Yuyachkani, el conjunto teatral más emblemático y sólido del país, que durante 40 años ha estado presente en las tablas, que nos ha hecho pensar mientras disfrutamos de alguna de sus creaciones colectivas? (Publicado el lunes 11 de abril de 2011 en el semanario Variedades del diario oficial El Peruano).



TEXTO Y FOTO: José Vadillo Vila




UNO. Inquieta que un grupo se llame Yuyachkani; que tome un vocablo quechua para pararse en el escenario y que su nombre signifique "Estoy pensando, estoy recordando". Y que tras 40 años, siga en pie.


"Nosotros hemos aprendido a no tener miedo a las crisis. Las vivimos a plenitud, porque las crisis llevan a buscar una solución diferente o a la desaparición". La actriz Ana Correa, con 33 años en el colectivo, igual que su hermana Deborah, toma un alto en la temporada de la reposición de Sin título. Técnica mixta (2004), para hablar sobre su longevo grupo, innumerables veces condecorado en los extramuros del país, comprometido con ese concepto de ciudadanía.


Y los Yuyas, como cariñosamente los llama medio mundo, han aprendido a preguntarse permanentemente ¿vamos a seguir? Ana me dice que no es fácil responder: "Tienes que renovar tu pacto... tu fuerza... ser aprendices con experiencia que viven intensamente los cambios y nos sentimos con más experiencia para opinar", me dice ahí, en la casa de los Yuyachkani, en la cuadra dos de Tacna en Magdalena del mar. El grupo es uno de los pocos que se puede dar el lujo de tener un "repertorio" de diez obras. Ahora para acompañar las elecciones, eligieron Sin título, técnica mixta.


"Siempre nos ha acompañado lo que el maestro Atahualpa del Chopo decía: el teatro cumple un papel modestísimo pero ese papel hay que hacerlo con firmeza", me dice el director Miguel Rubio, fundador del grupo junto a las hermanas Teresa y Rebeca Ralli. "Si todos hacemos lo que nos toca, podríamos ejercer el pensamiento crítico, crear espacios de reflexión, y que las cosas puedan mejorar".



DOS. En Sin título, técnica mixta, no hay butacas, los espectadores tienes que moverse por todo el espacio escénico tal como si estuvieran una suerte de museo vivo, memorioso. Hay actores, datos, inmobiliario. Dos hechos básicos delimitan este trabajo donde los Yuyas usan elementos que van más allá del teatro: la violencia social y la guerra con Chile. "No es por una intención de incidir sobre heridas dolorosas sino ver qué tareas pendientes tenemos", explica Rubio.


Ana Correa me da luces sobre la forma de trabajo que tienen. Generalmente generan una estructura que "dialoga" con el público a lo largo de dos años, luego van haciendo "pequeños ajustes".




Claro, lo aburrido sería repetirse. Ana explica que lo rico es que los Yuyas siguen aprendiendo, avanzando, y dentro de esa estructura fija de las obras del "repertorio" buscan poner la "calidad de energía" en la repetición. Sin título, por ejemplo, les permite explorar porque siempre los espectadores llegan como se llega a un museo, con muchas preguntas, con lecturas distintas, interesado en distintos ángulos. "Además que mucho de lo que ha sucedido en el Perú contemporáneo no ha sido puesto en los libros; hay un proceso de duelo y toma de conciencia de errores y aciertos para seguir adelante", agrega.






TRES. La memoria, el recordar, no es un nombre sencillo. Sin título es una obra colectiva creada cuando los Yuyas acompañaron a la Comisión de la Verdad en colegios, centros poblados y escuchaban los testimonios de los otros peruanos, hablando sobre personas que nunca tuvieron ni partida de nacimiento ni de defunción. Ana dice: "La dramaturgia, lo puesto en el país no es sólo la forma de mirar que tiene Yuyachkani, es también un compartir para que la memoria sea más fresca".


Personalmente, en el paso de estos 40 años, los Yuyachkani han visto desaparece muchas organizaciones políticas, desarmarse frentes electorales, ver desaparecer generaciones de dirigentes... Yuyachkani es nuestra historia reciente.


Pero, ¿qué les ha permitido mantenerse 40 años? Rebeca Ralli recuerda cuando junto a su hermana Teresa y a Miguel Rubio eran parte del grupo Yego Teatro Comprometido, y empezaron a dar funciones en esa parte de la Lima que no conocían, donde se invadía terrenos diariamente. Empezaban los años setentas. Y los chicos que trabajaban con la iglesia católica en El Agustino les pidieron que les enseñen a hacer teatro, y ellos empezaron a dar a conocer lo poco de teatro que sabían. "Nos empezamos a conectar con ese nuevo país que surgía y nos salimos de Yego Teatro porque queríamos hacer teatro y cambiar al mundo", recuerda Rebeca.


La lectura del dramaturgo alemán Bertolt Brecht les ha acompañado por cuatro décadas; y de los 15 Yuyas iniciales, sólo quedaron los tres. El resto tomó su camino: Unos continuaron haciendo teatro a nivel de barrio, otros se dedicaron a la prensa, otros a la enseñanza. Los nuevos integrantes (todos tienen más de dos décadas en el colectivo) se sumaron sin requisitos, sino porque quisieron entrar y se les dio la oportunidad. Dice Rebeca: "Somos muy distintos cada uno del otro; y creo que esa relación la vamos haciendo a diario en cada detalle, en cada acierto y desacierto, en cada acuerdo y discusión".




"La mística de Yuyachkani nos permite decir sobre el escenario aquello que no se puede decir en la calle. El escenario nos permite una reflexión colectiva. La esencia del grupo nos da una consistencia distinta a cada uno como persona...
CUATRO. Cada obra exige su propio proceso, pide horas de entrenamientos; deja material que no se ve en escena; descarte de escenas; lecturas que quedan detrás de la mano con historiadores, por ejemplo, la búsqueda de conocimiento escénico.


"Somos una familia donde con lazos más espirituales que de sangre. La única sangre que nos une es la del país", concluye Ana Correa. "Es que Yuyachkani, como actores, nos ha permitido estar en laboratorio, estudiando e investigando permanentemente". Hace hincapié que aprendieron de personas como la historiadora autodidacta María Rostworoswki: "el grupo nos ha permitido ser autodidactas, eligir nuestros maestros, la manera de estudiar, hacer encuentros".






El actor Augusto Casafranca resume estos 40 años que celebrarán a lo grande el 19 de julio, como "un desafío para persistir". "Un desafío y un cuestionamiento a las formulaciones anteriores, la posibilidad de seguir hurgando en las posibilidades del teatro", también de hacer frente a la realidad y como artistas diseñar salidas para seguir viviendo del arte en distintas facetas. "La mística de Yuyachkani nos permite decir sobre el escenario aquello que no se puede decir en la calle. El escenario nos permite una reflexión colectiva. La esencia del grupo nos da una consistencia distinta a cada uno como persona", dice Casafranca.






Le digo que los jóvenes teatristas tienen miedo a hablar de política, todos somos independientes y eso, como dicen los analistas políticos, crea esa inestabilidad de la democracia, este electorado cambiante en tiempos de elegir. Augusto me mira "Hacer política es un comportamiento muy complejo pero todos somos, socialmente, seres políticos, aunque no lo quedamos aceptar por falta de visión, de experiencia. Y la cultura a partir de las distintas áreas interdisciplinarias que conjugan el cuerpo del teatro es un espectáculo de memoria, de técnicas, de maneras de entender la existencia". Es la mirada, tras 40 años, de los vigentes Yuyachkani.

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José Vadillo Vila
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