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Celebración y reflexión


¿Cómo vive el Perú del siglo XXI la Semana Santa? ¿Ha decrecido el fervor? ¿Cuánto han impactado las noticias negativas de la Iglesia y el internet en la feligresía? Aquí, cinco visiones diferentes. (*)

1. 
“Para los creyentes, la Semana Santa es un tiempo de recordar el núcleo de la fe, que es la revelación de un dios encarnado, comprometido con el sentimiento de los más necesitados”, opina el director de la Escuela de Posgrado de la Universidad Ruiz de Montoya, Juan Dejo Bendezú.  

“Jesucristo decide luchar contra la injusticia, los fundamentalismos y, sobre todo, contra quienes juzgan de manera injusta sin comprender las dificultades de la vida”. Por ello, el sacerdote jesuita explica que los rituales y oficios diarios quedan de lado si los creyentes no son justos. 

Acepta que hoy la globalización pasa factura al catolicismo. “La dimensión religiosa queda en lo supersticioso o se diluye su profundidad en función de intereses inmediatos, comunicados con una ideología consumista donde el éxito se relaciona con el poder del dinero; donde toda visión trascendente, con valores y Dios, queda en un lugar marginado”. 

Mas subraya que, a 500 años de la Reforma Luterana, hoy el catolicismo tiene “más relación con otras confesiones, incluso más allá de lo cristiano”. 

2. 

“El sentimiento religioso está en una especie de crisis, pero es un sentimiento constante: la Iglesia católica nos ha acostumbrado, durante 2,000 años, a una práctica contradictoria entre lo que dice y lo que hace, sobre todo al defender los intereses del poder y marginar a los pobres”, opina el doctor Rodrigo Montoya, profesor emérito de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. 

Un caldo de cultivo son “la falta de vocaciones religiosas intensas, el ausentismo de las iglesias, la presencia de las iglesias evangélicas, y la salida de la clandestinidad de la fuerte espiritualidad andina. Es compleja esta situación y creo que la Iglesia católica tiende a decrecer. Más aún cuando tiene una jerarquía reaccionaria, que en vez de ayudar nos lleva hacia atrás”, opina. 

Si bien reconoce a “católicos consecuentes, que hacen lo que dicen” son “una minoría que salva a la Iglesia, porque la mayoría de sus creyentes son indiferentes”. 

Los atentados del Estado Islámico en Egipto, durante el Domingo de Ramos, dejaron 43 cristianos muertos. Nos enrostra que la guerra religiosa continúa. “La Iglesia cosecha lo que sembró con el poder terrible de un monoteísmo absurdo. Ese mismo error lo tienen los islámicos y los hebreros. Esta lucha religiosa ha dejado millones de muertos. Y las víctimas son siempre de abajo, los pequeños creyentes de ambos lados”. 

Para el padre Juan Dejo, director de la Escuela de Posgrado de la Universidad Ruiz de Montoya, la Iglesia está cambiando de una manera “radical” tras el Concilio Vaticano II (1962-1965). “Recién estamos dándonos cuenta de los errores del pasado. Hay mucho examen de conciencia institucional, de reparación de víctimas. No solo el problema de la pedofilia, el machismo es terrible, la jerarquización, la búsqueda de poder… son cosas humanas. Obviamente que la Iglesia tendría que ser un faro. Hasta que no reparemos esto, no vamos a ser capaces de ser luz”. 


3. 
La belleza del arte popular entra en escena en estos días de guardar. La devoción se manifiesta en las alfombras de flores, alfarería, cánticos y bailes que acompañan a los rezos, hasta la culinaria. 

“Son expresiones efímeras notables”, define Soledad Mujica, directora de Patrimonio Inmaterial del Ministerio de Cultura. “El arte de los alfareros o adornistas expresa su devoción y la de los demás”.

Pero, ¿cuánto han cambiado estas tradiciones en lo que va del siglo XXI? “Mientras la fe siga, el arte evolucionará, como las sociedades, y no hay que tenerle miedo. Van resignificándose los objetos y las prácticas. En el arte popular, más que desaparecer, las cosas se transforman. Y el Perú sigue siendo uno de los países más ricos de América en arte popular”.

Mujica recuerda que gran parte de nuestro patrimonio inmaterial se vincula al culto católico y otros de raíz prehispánica. Por ende, un impacto “real” en las prácticas artesanales es la mayor presencia de nuevas prácticas de fe en los pueblos, que promueven el abandono al culto católico, el cual se traduce en la pérdida de elementos culturales como cantos, bailes y otros. 

La doctora Alfonsina Barrionuevo coincide. “Hay una transformación constante. En Ayacucho, ya las señoras no visten ocho polleras ni llevan mantillas de fibra de alpaca. Ahora visten pantalones. Pero dentro del cambio, la tradición se mantiene porque en el Perú la gente es religiosa”. Como Rodrigo Montoya, Barrionuevo opina que en el mundo andino la Semana Santa siempre cuenta con una relación con la Madre Tierra y los apus. El sincretismo es su fortaleza. 

No obstante los “cambios grandes en la Semana Santa porque la imposición religiosa es menor, hay pueblos con iglesias abandonadas, la gente se asimila a las nuevas orientaciones”, las personas mayores conservan las cosas más adorables. 

“Siempre los Cristos representan la esperanza de la gente, su fuerza espiritual, por eso se mantienen, y porque son tan milagrosos”, agrega la investigadora. 

4. 
En Ventanilla, Callao, 80 niños y jóvenes escenificarán mañana, a las siete de la noche, en la Piscina Municipal de Ventanilla, la obra Jesucristo Superstar. El último reino, donde la segunda venida del Salvador sucede en un ambiente de zombis y Jesús tiene look de cantante de reguetón. Él encabezará la lucha contra el tirano dueño del mundo. 

Los núbiles actores provienen de zonas donde el pandillaje y la violencia se viven a flor de piel. Santiago Ciudad, director del grupo Ágape, dice que los chicos son muy dados a celebrar las fiestas religiosas. “De repente son más fríos en cuanto a la fe, pero mediante los actos, las celebraciones, vuelven a acercarse a Dios, conocen más de la historia religiosa, de quién es Jesús”.

(*) Publicado el viernes 14 de abril de 2017 en el Diario Oficial El Peruano. https://goo.gl/59g868 

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