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LA CANTAUTORA MADRE

A 91 años de su nacimiento, Chabuca Granda sigue impartiendo cátedra. No por menos, es una de las máximas exponentes de la música costeña. (Publicado el miércoles 07 de setiembre de 2011, en el diario oficial El Peruano).

Escribe: José Vadillo Vila.-
Fotoilustración: Tito Piqué





Cómo será mi piel junto a tu piel", se preguntaba ella, Chabuca, en ese landó que avanza suavemente. "Cómo será el gemido y cómo el grito / al escapar mi vida entre la tuya / y cómo el letargo al que me entregue / cuando adormezca el sueño entre tus sueños". Poesía pura, canto sublime, amor erótico. Así es "Cardo o ceniza". Y esa canción, como elegantemente se lo hizo saber a una imberbe Cecilia Barraza, no era para que la canten jovencitas: era sólo apta para mujeres que conocían de primera mano de heridas y embrujos del amor. Así, canción e intérprete se funden en uno solo para alegría del respetable. De lo contrario, la magia no se da.


Los artistas, como se espera de las sociedades y de la humanidad, evolucionan. Pero la última producción de Chabuca Granda es ajena a las mayorías, a las peñas y a las pocas emisoras, que prefieren refugiarse por enésima vez en "La flor de la canela", "José Antonio" o "Puente de los suspiros", que el trío Los Morochucos empezó a hacer conocidos. Tienen sus encantos, cómo no, pero forman parte sólo de una primera época de su creadora, esa que también le criticaron porque como Ricardo Palma lo hizo en sus Tradiciones, ella también evocaba a personajes y ciudad que habían marchado al panteón de los recuerdos.


"Cardo o ceniza", en cambio, pertenece a la etapa más madura de Chabuca Granda. Esa etapa, la última, de los años sesenta y setenta, en que se relacionó también con los ritmos afroperuanos (queda su álbum Tarimba negra..., del 77, como ejemplo), le permitió entregar una poesía remozada con su voz tirada a lo grave, que raspaba suavemente.

Así, doña María Isabel Granda y Larco fue revolucionaria en su tiempo, como Felipe Pinglo Alva lo fue en otro momento y Manuel Acosta Ojeda en otro subsiguiente, por citar sólo algunos renovadores de la música costeña urbana, llamada criolla.

La autora de temas como "Cardo o ceniza"y "José Antonio" significó una evolución en la músiac criolla, como lo hiciera Fekipe Pinglo Alva a inicios del siglo pasado.


Inclusive hizo canciones dedicadas al poeta y guerrillero Javier Heraud y a la chilena Violeta Parra, con lo cual los críticos fueron entendiendo que Chabuca no se agotaba en el puentecito de los suspiros; que era cantautora universal, que iba más allá. Por eso también cosechó éxitos en Argentina, país que para ella se convirtió en entrañable, una suerte de segundo hogar.

No se puede limitar el talento de Chabuca, que era "hermana soberbia y orgullosa de los cóndores", refiriéndose así a Cotabambas, el asiento minero apurimeño donde vio la luz. La fuerza de su carácter le imprimió un tinte único a sus creaciones y se hizo foco de atracción de poetas, cantautores, políticos. Ella conocía de las revoluciones, repetimos, porque separarse de su esposo, dejarlo todo por su vocación de artista, horrorizó a la Lima de los años cincuenta, la ciudad que hoy, paradojas del destino musical, aplaude y extraña a esta limeña universal, que no ha dejado de dar cátedra sobre los nuevos caminos del vals y del canto en general.

Datos:
-Se inició en el canto a los doce años en el coro de su colegio.
-Artista nació en Cotabambas, Apurímac, el 3 de setiembre de 1920.

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Escribe: José Vadillo Vila


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José Vadillo Vila
Foto: cortesía de Luis Gonzáles Taipe
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Cuando uno rampea, y el sol cae sobre tu nuca…