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Habla el Lobo Estepario


Hernán Rivera Letelier, Premio Alfaguara de Novela 2010, pasó por Lima promocionando El arte de la resurrección. Admirador de César Vallejo, dijo que el bardo peruano "es el poeta hispanoamericano por antonomasia”. (Publicado en el diario oficial El Peruano)

José Vadillo Vila / Foto: José Vadillo Vila

1. “Soy un lobo estepario, que vive rodeado de la gente que lo quiere”, me dice casi a modo de saludo Hernán Rivera Letelier (1950). El premio de la novela Alfaguara 2010 lo ha sacado de la tranquilidad del desierto y las salitreras chilenas de Antofagasta para depositarlo en medio de “una gira diabólica”, que lo ha llevado, por ejemplo, a dar más de 90 entrevistas durante 20 días en España y ahora por América Latina.

Pero Rivera Letelier sigue viviendo a hora y media de las salitreras donde trabajó 30 años de su vida, aunque su editorial le ha pedido que se mude, pero él no dará su brazo a torcer. “Yo no pienso irme a Santiago, a Buenos Aires ni a Madrid, porque en el desierto soy feliz, es mi Paraíso, ¿por qué tengo que irme? La obra se defiende sola. Vivo tranquilo a mil 200 kilómetros de Santiago, y me evito todas esas peleas de escritores”.

En El arte de la resurrección, el surrealista protagonista se llama el Cristo de Elqui. Pero el personaje ya aparecía pregonando en La reina Isabel cantaba rancheras (1994), se había subido a los vagones de Los trenes van al purgatorio (2000) y también en Mi nombre es Malarrosa (2008).

Al verlo por tercera vez metiéndose, Rivera se dijo que era el tiempo de escribirle una novela al Señor Cristo, que fue de carne y hueso y predicó en el desierto chileno durante 22 años para colgar sus túnicas en 1953, cuando Rivera Letelier tenía tres años de edad, y empezó a escuchar desde entonces muchas historias de este Cristo humano y pobre.

“Para mí fue una fiesta escribir este libro. Yo me crié en un lugar evangélico, leyendo la Biblia, predicando en la calle con mi viejo. El lenguaje bíblico, estaba casi en mis genes. Me sentí como pez en el agua al escribirlo”, comenta Rivera. Ahora no cree en Dios ni en ninguna religión, “pero digo que Dios cree en mí y me quiere mucho”.



Trabajó 30 años en las minas con un horario rígido. Ahora escribe “a lo hora que se me para el lápiz”, a veces hasta 14 horas de seguido.



2. La pampa y el desierto chilenos le siguen entregando historias y tiene que escribirlas. Aunque en su país un par de críticos siempre le fustigan, “otra vez sobre el desierto”, pero “el desierto es mi Macondo, mi Comala, mi Santa María”, repite esa frase que se ha convertido en casi un manifiesto durante esta gira de la novela.

“Es lamentable porque (los escritores chilenos) no saben lo que se pierden, voy a morir y van a sobrar historias del desierto para escribir; pero también es bueno porque me queda el desierto para mí solo”, suelta una carcajada.

Rivera Letelier se enfila con los que escriben “nada más de lo que le salen de las tripas”. “Escribir es como hacer el amor, uno lo hace cuando tiene ganas, deseos. Ahora si te imponen un horario, al final se convierte en una rutina y el placer se va a la cresta”, comenta.

3. Vamos adentrándose en su escritura y cuenta que cuando empezó en su oficio de narrador leía mucho a José María Arguedas y le impresionaba. “Otro que me impresiona y lo releo todo el tiempo es César Vallejo, creo que es el poeta por antonomasia de la lengua hispana; un poetazo, que revolucionó nuestro idioma. Ustedes con Vallejo para qué quieren más poetas. Cada vez que lo releo encuentro sensaciones nuevas. Es la fuerza de la palabra”.

También relee a los que le enseñaron a escribir, los autores del boom latinoamericano. “Creo que no se han vuelto a escribir ni ha darse esa necesidad por leer lo que escribieron en esas dos décadas, de 1960 y 1970”. Dice y se despide. Tiene que continuar con la gira diabólica.

RECUADRO
Contra los blogs
“La tecnología todavía no va conmigo. Uso mi computador, que es de última generación, como máquina de escribir. La tecnología aún no me seduce. Para encontrar algo bueno hay que buscar mucho en internet, en los blogs. Hay millones de blogs, y creo que un ínfimo 0.01% vale la pena. El resto, es basura”.

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Escribe: José Vadillo Vila


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José Vadillo Vila
Foto: cortesía de Luis Gonzáles Taipe
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