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Documento de vida

Unicef colabora en la región Amazonas con programas para que menores de edad de las zonas más pobres cuenten con una partida de nacimiento. Pero, ¿qué significa para ellos este, en apariencia, simple y común documento?

1.
A sus 57 años, Marcial López Saravia llegó por primera vez en su vida a “La Fidelísima Ciudad de Chachapoyas”, la capital de Amazonas, departamento donde ha vivido siempre.
Es jueves y Marcial, con su traje de gala –un colorido sombrero hecho de plumas, un collar de semillas que cae sobre su casaca y un pedazo de madera que le sirve de bastón– empieza a dar su testimonio.
Como si el país donde habitara no se llamara el Perú, Marcial necesita de un traductor que entienda wambis y lo traduzca al castellano para que el auditorio de compatriotas lo comprenda.
En la sala elegida para presentar en Chachapoyas el informe Estado de la Niñez en el Perú, del INEI y Unicef, los niños se muestran intranquilos en sus carpetas; los demás invitados a la mesa de honor reflexionan en silencio.
Marcial vive en Soledad, una comunidad wambis a cinco horas en chalupa de Santa María de Nieva, subiendo por el río Santiago. De Santa María se necesita tomar un carro por diez horas para llegar a Bagua Chica, y de ahí, otra hora hasta Bagua Grande, y cerca de 200 minutos adicionales para llegar a Chachapoyas.
Donde viven Marcial y sus doce hijos, en esa esquina del Perú que es la provincia de Condorcanqui, Amazonas, muchos niños no poseen partidas de nacimiento. El Estado de la niñez en el Perú precisa que allá el 30 por ciento de los niños entre un mes y cinco años de edad no cuenta con partidas de nacimiento. Es decir, no pueden acceder a los servicios de salud o de educación.
Desde hace 33 años, Marcial es trabajador voluntario de la municipalidad de Río Santiago. Se ha dedicado a registrar en tres comunidades nativas wambis, tratando de crear conciencia en los padres.
Los problemas más comunes para un registrador voluntario indígena como él son las vías de comunicación. Se debe de trasladar por trochas o en peque-peques, y solo para movilizarse desde la municipalidad de Río Santiago hasta los límites de Condorcanqui, en la frontera con Ecuador, se necesitan más de 100 galones de combustible.
Por suerte, desde 2002, el Unicef, en alianza con el Reniec, elaboraron el Proyecto de Desarrollo Humano Sostenible en el Río Santiago, que ya capacitó a 46 registradores civiles nativos en esa provincia y equipó oficinas registrales en 11 de las 58 comunidades de Condorcanqui.
Sin embargo, el convenio con el Unicef termina en 2009 y Marcial revela que hay comunidades que necesitan contar con oficinas de registro civil, ahora que hay mayor conciencia en los padres para que sus hijos cuenten con partida de nacimiento.
“Las cosas van cambiando, y el trato de los padres hacia sus hijos, mejora. Antes, el maltrato era bastante; ahora ya está bajando. En cuestión de educación, también, a veces el profesor pegaba y, por miedo, el niño regresaba a su casa”, explica.
Hoy, incluso, se puede registrar con nombres en su idioma materno, cosa que antes era imposible. Es otro de los logros del proyecto. Marcial recibe un fuerte aplauso. Al día siguiente, hizo el viaje de retorno.


2
Otra López, la señora Paola, nos espera en la Defensoría Municipal del Niño y Adolescente (Demuna) de Chachapoyas. Ha dibujado una sonrisa. Finalmente, en unos días más, su hija de seis años de edad tendrá la ansiada partida de nacimiento.
Con un par de lágrimas en el rostro, siente cólera cuando recuerda que la profesora del colegio donde estudia su hija el primer grado amenazó a la niña con sacarla si no traía su partida.
“Mamá, soy como un perrito, me han dicho mis compañeritos, no valgo nada ahora”, le expresaba la niña. Ahora que va a tener una partida de nacimiento, le ha pedido que la cambien de colegio a medio año y ha prometido que mejorará sus notas cuando retome el interés por la escuela y se olvide del rostro de la profesora.
Afirma la señora López que trató el tema por años. Sucede que la niña nació con tos convulsiva, en Bagua, y los médicos le dijeron que moriría. “Ella se quedaba moradita”. Le aseguraron que su hija se iba a morir.La señora Paola la llevó a Chiclayo y Lima para curarla, pero no la quisieron registrar porque le manifestaron que debía de hacerlo en el lugar donde nació.
Por último, ya en Chachapoyas, le hablaron de la Demuna y, tras unos trámites que no demoraron unos días, ve que ya hay luz para su trabajo.


3
“Jota” Tauma nos escucha en silencio desde una esquina del local. Mira nervioso, preocupado, porque tiene que volver a trabajar, con sus pantalones desgastados.Ha cumplido 15 años y hace 12 meses que llegó de Moyobamba a Chachapoyas.
“Yo, desde niño, me mantengo solo; no espero nada de mi padre. Con mi trabajo me he comprado mi pantalón, zapatos”, relata sin resentimientos. “Le agradezco a mi padre que haya venido hasta aquí para firmar mi partida”.“Jota” trabaja en el taller de mecánica de su tío.
En una bolsa plástica nos ha traído la partida de nacimiento que por fin obtuvo el año pasado. A otros nos puede parecer un documento sin demasiado valor. “Cuando me dieron mi partida, me sentí alegre, ya no tenía que preocuparme de varias cosas”.
Sus tíos lo llevaron para que integre el grupo Movimiento de Adolescentes y Niños Trabajadores Hijos de Obreros Católicos (Mantoc), y fue ahí donde se enteró de que en la Demuna lo podían ayudar. Y él mismo vino a averiguar.
“Lo importante es que los niños se logren en la vida. Muchas veces, los padres no quieren firmar porque solo piensan en que les van a hacer juicio de alimentos, pero ve a ‘Jota’, solo quería su documento”, manifiesta la defensora Milagros Vilcarromero, de la Demuna chachapoyana.
“Jota” vivió desde el año de nacido con su abuelita en la chacra, y empezó a trabajar rápidamente. Fue cobrador de colectivo, peón en una chacra.Trabajaba y estudiaba hasta el tercer grado en un colegio de un poblado de Moyabamba, donde el señor con el que laboraba siempre iba a hablar y le permitían estudiar, cada medio año, pero un año le dijeron que ya no podía hacerlo más.
“Cuando le pedía a mi papá que me inscriba, él siempre me respondía: ¿tu mamá no te ha asentado?, yo tampoco puedo, cuesta mucha plata sacar una partida”. Ahora “Jota” estudia en la nocturna, está en cuarto grado. (Publicado en El Peruano, jueves 29 de mayo de 2008)

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José Vadillo Vila
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