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¡Azúcar!, otro peruano universal

Black Sugar Sextet, dirigido por el peruano Lucho Cueto, presenta Estamos azúcar…!, repaso de los clásicos musicales latino con una sonoridad fresca y potente. Álbum infaltable para todo aquel que ame la música latina con sabor.


Texto: José Vadillo Vila

Del bajopontino Rímac a los rascacielos de Nueva York. Así se resume la ruta musical trazada por Lucho Cueto, el pianista, arreglista, compositor y director musical peruano que con mucho son en los dedos, ha conquistado el exigente mercado norteamericano de la salsa.
El primo del otro Cueto -César, el zurdo del balompié-, Lucho ha metido las manos en la cuna de la salsa, Nueva York, y sólo ha recibido aplausos. Por eso, cada vez que aterrizan en nuestra ciudad con cielo color panza de burro los salseros “niuyorcans”, dicen, ¡ah, Lima, la ciudad de Lucho Cueto!
Por suerte que la mediocre mezquindad con que muchas veces nos festejamos los peruanos, ha sido poca, y Cueto ha sido ovacionado aquí en su tierra cuando ha venido a dirigir a gigantes de la salsa en los festivales Chim Pum Callao. Pero aún falta darle el sitial que se merece.
Y pensar que todo este presente exitoso tuvo sus orígenes en un evento que, seguramente, nunca más volverá a repetirse: los titanes Willie Colón y Rubén Blades se reunieron un día de 1979 a dar cátedra de sabor y profesionalismo en el estadio Alianza Lima. Y Cueto, todavía mocoso, los vio y no nunca más pudo dormir. Dice que no paró hasta llegar a Nueva York, la capital salsera. Cosas de la calidad antes que del destino, Cueto ha tocado en la orquesta del “Malo” del Bronx, el eterno Colón.
En realidad, Lucho Cueto ha tocado con todos los que ha admirado y los nuevos, porque talento le sobra. Ha acompañado al mismísimo demonio sonero apodado Héctor Lavoe, a la dama del sugar, Celia Cruz, al rey de los cueros (y su maestro) Ray Barretto, al negro con voz de ángel, Cheo Feliciano, a “El Canario” José Alberto, el mediático Marc Anthony y la robusta La India, entre otros, que pueblan el imaginario latino caribeño universal. Inclusive ha sido nominado a los premios Billboard, como director y productor.

La materia musical. Pero dejemos al sujeto y vayamos al objeto. Estamos azúcar…! es un bello bodegón musical conformado por 13 canciones, así, con número cabalístico y cinco estrellas que se merece como si en vez de CD fuese un hotel de lujo, porque está hecho para pasar a la posteridad: Tiene marcadas influencias de los años dorados de la música brasilera en arreglos corales y percusiones. Además, sus sonidos recuerdan los años más creativos de la salsa, cuando se frotaba más seguido con el latin jazz.
El maestro Cueto dice que el ensamble Black Sugar Sextet (BSS) es un sueño que acariciaba desde sus años de calichín en el Perú. Que un sexteto es su homenaje a los hermanos del sabor, Charlie y Eddie Palmieri, y al jazzista gringo, Cal Tjader, considerado entre los padres del latin jazz. Y se le cree. Porque el resultado es brillante, rugiente de sabor y fuerza, que dan ganas de dejar de escribir y ponerse a bailar.
El disco –editado en 2007 en el Perú por Iempsa- se abre con sabor a guayaba con “Copacabana”. El clásico de Barry Manilow corre impecable por cuenta de las cuerdas vocales de Tito Allen, uno de los invitados por el enjambre de talentosos músicos reunidos por nuestro compatriota en las calles sonoras de La Gran Manzana. Otro preciosismo que destila la voz de Allen es “Anacaona”.
A pie de juntillas, otro invitado, el cantante y percusionista José Mangual Jr., arremete con “Nací Moreno” y “El muñeco de la ciudad”. El energético y festivo Kim de los Santos tiene a su cargo la voz líder en “Pa’Colombia entera” y ese clásico de los salsódromos del ayer, “Decídete”.
Además de la presencia de pianos y vibráfonos en primeros planos y la potencia de las percusiones, otra característica de Estamos azúcar…! son los espacios para los solos de piano.
El CD destila alegría y versatilidad, pero no satura como una chancaca ni es falsa como la sacarina con que mi abuelita miente a su paladar.
Los músicos se desempeñan más que eficientes en todos los surcos. El latin jazz llega a sus máximas, por ejemplo, en “El cóndor pasa”, cuando Dave Valentin se une con su flauta mágica a los BSS para esa versión melancólica y alegre. Y si de alegría hablamos hablemos de “Estamos azúcar”, “Descarga azúcar” y “Scape”, tres creaciones de Cueto, todo un homenaje a los voltajes elevados y sudorosos.
Cueto también demuestra su versatilidad con el piano en “My funny Zule (and her 28 friends)”, su homenaje instrumental a las víctimas del incendio de la discoteca Utopía.
El maestro ha dicho que su secreto para estar vigente en el difícil mercado de la salsa es, primero, seguir aprendiendo cada día de los maestros, y estar con la oreja pegada “a lo que suena hoy y a lo que se escucha en la calle”. Y eso demuestra el disco, el primero de una saga que dice recién empieza. ¡Sí, Black Sugar, toca, y con sabor!

(Publicado en el semanario Variedades del diario El Peruano, el lunes 12 de mayo de 2008)

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José Vadillo Vila
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