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Yo, el Jáuregui



Escribe: José Vadillo Vila
jvadillo@editoraperu.com.pe
Flashback. Los libros aparecían por generación espontánea por los rincones menos esperados de la casa –cuarto piso de la esquina más poética de Surquillo, el cruce de Dante con Primavera–. Los volúmenes escapaban en tropel del almacén donde su padre, el librero Néstor Jáuregui, los guardaba para abanicar sus páginas en la mesa de centro, el hall…

Eloy Jáuregui (Lima, 1955) reconstruye la escena con lengua barroca, que sube, avanza, retrocede; ensaya que su viejo los olvidaba a propósito para que él leyera poesía inglesa, francesa, china, surrealista… Y todo lo devoró omnívoro con apetito mordaz mientras con voz adolescente se soplaba los mocos y recitaba de memoria a Chocano.

Nos presenta Crema carnal (Editorial Caja Negra, 2015), antología personal de sus tres poemarios. Por bonus track incluye diez poemas tejidos bajo el genérico de “Cangrejo negro”, construcción verbal que recuerda tanto al animalejo terrestre como las curvas de las evas.

“Volver a los antiguos poemas es como regresar a una vieja enamorada: la recuerdas, la modificas en tu imaginación”. La metáfora de los buenos amores parece justa: Jáuregui solo publica los poemas que tras un año aguantan una segunda lectura.

Un cóndor petrificado en el tímpano / y un sol adjetivado por los flujos termales. (“Matriz del fuego yermo”)

El goce de su formación de poeta tiene otras aristas, porosidades, vasos comunicantes. El bardo chiclayano Juan Ramírez Ruiz (1946-2007), fundador del movimiento Hora Zero, “fue una suerte de protector”.

Jáuregui es nuevamente el chiquillo de 18, 19 años de edad que llega en 1970 a la germinación de los horazerianos y algo en su cerebro explota. Ramírez Ruiz le quitó su pasión escolar por Chocano y Eguren, y le enseñó a driblear la palabra, a amar a Vallejo, a trabajar “un tipo de poesía que no es muy fácil de leer; que casi no se entiende porque la poesía no es para entender, sino para sentir”.

El “poema integral” propuesto por Ramírez Ruiz fue la palanca de escritura creativa. “En nuestra poesía estaba la mirada del Perú profundo con un discurso nuevo, masivo, más homogéneo para abajo que para arriba. Mi aporte es a nivel lingüístico: me puse a estudiar Lingüística por la poesía”.

Los Hora Zero aparecían en ese nuevo momento histórico de la “lucha de clases que se daba en la literatura”, entre blancos con plata y lorchos misios. Descubren a putamadrazos a los poetas excelentes que había en el interior. Y a Jáuregui le ha quedado de esos años formativos la admiración por la cultura arequipeña, puneña, cusqueña, primeros espacios donde se desarrollaron los movimientos vanguardistas.

“Sin Vallejo, el Perú había sido una mierda. Y sin Hora Zero, no hubieran venido todos los cholos a Lima”. La inclusión poética a la que hace referencia es también el folclor hecho sustantivo en la Panamericana Norte y la carretera Central; la poco refinada cultura chicha; los carteles colorinches hoy tomados por el Perú formal, etcétera. Porque no teníamos Woodstock, sino Fania All Star, música criolla por las tardes y “un momento de nacionalismo puro”. “La revolución velasquista influyó mucho en la cultura”.

Los remeros cortan la plomada de la bruñida quietud de la bahía / mientras Ramírez Ruiz acurruca su cuchara al óxido del silencio. (“Juan Ramírez Ruiz escucha a John Coltrane”)

Otra constante de su obra ha sido la de cronista, la de poner el estetoscopio sobre la pulpa nacional, y así bautizó a la avenida Abancay como “Babilonia la Chica” y fue amigo de ‘Chacalón’ y presenció los “milagros” del brasileño Joao Texeira. En 1984, en la revista Cartel publicó su primera “verdadera crónica”: párrafos emocionados dedicados a ese fenómeno de la cultura emergente: Los Shapis, que tomaban cada fin de semana las “playas” de estacionamiento de la Lima cuadrada. Luego, se hizo jefe de prensa del grupo y recorrió el país.

–No me avergüenzo de nada; es mi país, es mi Perú. En Crema carnal el ingrediente mayor es el amor por mi país; hago chatear a Guaman Poma con el Inca Garcilaso.

Bares como las naves encalladas al honoris causa / el refugio eterno, mirada que teme al mortal reflejo / tiembla el tacto, las sedes del acoso, indomables (“El borracho de Dante y Primavera”).

Estrangula el verso de Neruda para confesar que ha bebido. Que más que en las aulas de San Marcos, la Católica y la Bausate, donde estudió Periodismo y Lingüística, hizo sinapsis en las largas conversaciones en el Queirolo de Lima –y solo citamos una isla del archipiélago–. Que con el poeta Antonio Cisneros (1942-2012) tenía conversaciones donde no importaban los calendarios. En esos espacios donde el aserrín acoge a los más cansados afinó la oralidad. Ya había tenido escuela: a la casa de sus padres llegaban los domingos los poetas de la Generación del 50 –Alejandro Romualdo, Gustavo Valcárcel, Paco Bendezú– o José María Arguedas, y hablaban de todo en forma fascinante. “Ahí aprendí el arte de tener oído para conversar.”

Y me recibes como una yegua en celo y briosa relinchas luminosa / ahí nuestras caderas hallan el ritmo de los dioses y sus gemidos (“Apetito de la luz en la sombra del tigre”)

Horadar en verso es su métrica rijosa. “Es que ese erotismo está metido en la historia, por eso el título Crema carnal, que es una suerte de gel, de lubricante maternal”. Eloy hace erotismo “entendido como revolución del sexo, no como arte de los pajeros [onanistas]”. Por si hay duda, recuerda que “lo erótico, la escritura del cuerpo son categorías filosóficas que estudiaron los estructuralistas”.


Hay ingeniería poética. A los poetas nos gustan el ajedrez y la matemática. Los versos endecasílabos, dodecasílabos son un arte; un armazón científico en el que entran la sensualidad, el amor, la pasión, la desesperación, la neurosis, la desesperación, y la poesía cura porque es un desfogue. Y eso lo sabía Freud. Es el acto más revolucionario de la literatura.

(*) Publicado en el Diario Oficial El Peruano, el jueves 23 de julio de 2015

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José Vadillo Vila
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