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El adiós de la hormiguita



Escribe: José Vadillo Vila
Fotos: Juan Carlos Guzmán / Agencia de Noticias Andina

En un sótano de la avenida Pachacútec, frente al terminal pesquero de Villa María del Triunfo, entre cabinas telefónicas y negocios diversos, Rómulo Huamaní se transforma una vez por semana en 'Qori Sisicha'. En quechua, su nombre quiere decir 'hormiguita de oro'.

De todo Lima Sur llegan los gemelos Jesús y Daniel Cárdenas (9), que han tomado ya los nombres de  'Apu Orcco' y 'Apu Ccollani'; Gabriel Ortega (6), 'Qorimina'; Alexis Cule (7), 'Tancaylloc'; y Rudy, el 'Inticha de Soras', para perfeccionar el conocimiento de la danza de las tijeras. Los chicos siguen escuchan al maestro 'Qori', quien hace años fundó la primera Escuela de Danzantes de Tijeras del Perú. Quieren que les corrija los pasos, movimientos, presencia escénica.

'Qori' les recuerda que deben de tener respeto por los danzantes mayores. Les pide que no sean como algunos jóvenes que no cuidan la danza y no hacen las secuencias musicales. "Quieren seguir todos sus propios parámetros, y si no cumplen no son danzantes buenos sino chahua danzantes, danzantes crudos".

En 42 años de carrera artística, 'Qori' ha cambiado muchos trajes, pero solo dos pares de tijeras. La primera, que recibió de sus abuelos, se la robaron hace 15 años y aún sigue sufriendo porque tenían un tañido especial y eran una herencia irremplazable.

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Con su arte, 'Qori Sisicha' no solo ha recorrido todo el país: ha dado la vuelta al mundo. Ha recibido aplausos por casi toda Europa, Sudamérica, todos los estados de la unión americana, Canadá, por China continental, Hong Kong y Taiwán.

Es uno de los danzantes o dansaqs que empezó a abrir nuevos escenarios para esta tradición andina, "a puro punche", como dice. Él llevó la danza a algunos escenarios limeños por primera vez como la Concha Acústica del Campo de Marte, el teatro Municipal, la sala Alzedo, los hoteles Sheraton y Crillón. "Antes era difícil. Se ha logrado romper esquemas, se ha llevado a nivel internacional".

Él pertenece al pequeño grupo de promotores que dedicaba parte de su tiempo a tocar puertas al Estado y así se logró, que la danza se reconociera Patrimonio de la Nación en 1995. E hizo sus propias gestiones, desde inicios de la década de 1990, ante Jean Roche, entonces secretario de Cultura de Unesco, para el nombramiento de la danza como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, que se logró en 2010, gracias a un trabajo articulado de asociaciones de Ayacucho y Huancavelica, y el Ministerio de Cultura.

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De muy niño, Rómulo llegó a Lima y empezó a vivir frente a estos arenales de Villa María. Igual que sus siete hermanos, estudió en Lima la primaria y la secundaria, pero todas las vacaciones sus padres le enviaban de vuelta a Chipao, a cuidar a los animales.

El arte de las tijeras ya estaba en sus genes. Su padre fue machoq de la Danza del Cóndor, que se baila en el sur ayacuchano para el nacimiento del Niño Manuelito; y su madre bailaba en las huaylias, para las bajadas de Reyes. Su abuelo Jacinto Janampa fue un dansaq reputado.  

Y cada vez que volvía a Chipao veía a los dansaqs que llegaban una vez al año al pueblo. Eso le movía el alma, y junto a otros niños empezaba a "contrapuntear" las melodías tarareando como arpista, otro como violinista y Qori tomaba unas piedritas alargadas y las golpeaba para sacar el sonido como las tijeras. Competían varios grupos tomando nombres de los danzantes famosos de esas épocas.

A los 12 años, Rómulo ya era todo un aprendiz. Su primer nombre artístico fue "Condurcha", pero su mismo papá le puso Qori Sisi, "hormiga de oro", porque hacía el paso inspirado en este insecto y el traje de los danzantes lleva el color del oro en sus ornamentos. El diminutivo "cha" llegó porque Rómulo es breve de tamaño. Así nació, "Qori sisicha", que fue ofrecido a los apus por su tío Elogio Taype, el dansaq "Qori Ccaito".

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Ahora un mal le ha obligado a dar un paso al costado a la "hormiguita de oro". Estaba de gira por Cuba, cuando los médicos le diagnosticaron la diabetes crónica emotiva. Le prohibieron que haga lo que más ama hacer en la vida: danzar. Los nervios en sus pies se están deteriorando y si hace más esfuerzo físico podría perder hasta las piernas. "Esa es la razón", dice Rómulo con pena.

De alguna manera su arte, seguirá además de sus alumnos, en uno de sus cuatro vástagos: "Inticha de Soras", uno de sus discípulos, es su hijo. El mayor de sus hijos dejó la danza para dedicarse a la música folclórica mientras estudia Química en la universidad. Y su hija menor, Urpi, también "mueve sus piecitos, cuando escucha la danza".

A pesar de la trayectoria, Rómulo dice que la danza de tijeras es un arte del cual no se puede vivir. Él se dedica a la venta de preparados para medicina galénica y, de cuando en cuando, organiza eventos artísticos, donde no siempre le va bien. 

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Cuando un dansaq cuelga las tijeras, hay una ceremonia que se da en estas épocas de Semana Santa. "Tenemos que cumplir los encargos de los Apus; hay que agradecerle por todo lo que nos ha dado en el transcurso de la danza, retribuirle con una ofrenda", dice. 'Qori' pertenece al Apu Chunta, el cerro guardián de su pueblo, San Antonio, que queda en el distrito de Chipao, provincia de Lucanas, Ayacucho.

Tendrá que hacer la "picha", la purificación y así decir que ya cumplió su misión como danzante. Lo hará mañana por la noche, junto con su violinista y su arpista. Se irán a la playa de San Bartolo, donde habrá una concentración de "cuatro huacas". Además de 'Qori', que representan a la huaca de Apu Chunta, vendrán danzantes y músicos de las huacas Chipaomarca, los Condehuilcas y Ajaymarca. Recibirán la medianoche danzando febrilmente. Y luego se sumarán los jóvenes dansaqs para continuar la ofrenda.

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'Qori Sisicha' siempre ha sido dirigente de los dansaqs. Es uno de los directivos de la Asociación Tradición Andina Huamaní, que reúne a los danzantes de tijeras de Ayacucho y Huancavelica. Se trata de un nuevo esfuerzo para agrupar porque es consciente de que hay muchas organizaciones de danzantes, debido al celo regional.
Por eso 'Qori'  no se retira del todo. El gran sueño que ha acariciado por años ha sido La Casa del Danzante, para continuar enseñando esta tradición. Como dirigente, ha presentado el proyecto a diversas municipalidades. Ahora hay un anteproyecto de una institución pública y ojalá el sueño se puede convertir en realidad.

Rómulo nos dice: "Toda la experiencia que tengo voy a volcarla en los jóvenes. Que sean mejores que yo, que sean buenos líderes y buenos danzantes para consolidar, algún día, el sueño de La Casa del Danzante, mi sueño más grande".



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