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Memorias feriales



Escribe: José Vadillo Vila
Fotos: Archivo Histórico del diario oficial El Peruano

1.
"Te llama la llama”. El eslogan era tan bueno que se dio el lujo de no cambiar. Se quedó por años implantado en la memoria colectiva de millones de peruanos. Aunque surgieron otras frases vendedoras, esta quedó como sinónimo de la Feria del Hogar, ese bastión de las novedades y de la diversión que llegaba por 18 días, entre fines de julio e inicios de agosto.

Eran los ochentas cuando la feria llegó a su máxima plenitud. Todavía vivíamos en un mundo sin las urgencias comunicativas de los smartphones y repetíamos sin problemas “te llama la llama”.

Entonces, cada año, las instalaciones de la Feria Internacional del Pacífico (FIP), ubicada entre las avenidas La Marina y Brígida Silva de Ochoa, a tiro de piedra del Parque de las Leyendas, en el distrito de San Miguel, eran el lugar donde todos queríamos estar. De vuelta al colegio, las anécdotas arrancarían comentando lo que se vivió en la feria.

Tan metido estaba el concepto de la Feria del Hogar que muchos conocían mejor los 240,000 metros cuadrados de la FIP que el mapa político del Perú. No solo era una fiesta para los limeños. Ah, no. Desde provincias, las familias planificaban sus viajes para julio, no necesariamente para conocer la Plaza Mayor de Lima, sino para asistir por varios días al recinto ferial. Los que gustaban repetir el plato por varios días, tenían la opción de comprar el intransferible “feriabono”, que les permitía entrar diversos días; eran los envidiados del barrio. 

2.
Fiesta de ilusiones, diversión y novedades, la Feria del Hogar arrancaba alrededor del 21 de julio y terminaba los primeros días de agosto. Los que podían llegaban en autos y tenían estacionamientos en la parte posterior; los demás –caballero, nomás–, como las salchichas, íbamos apretaditos en ómnibus vistiendo los mejores trapos, zapatillitas de marca, politos, camisas.

Buenos marqueteros los de la familia Lettersten, el primer día el ingreso era libre para todos y se podía acceder a casi todas las diversiones sin pagar nada. Una de las excepciones era entrar en ‘Camila’. Se trataba de una fémina enorme, que vestía mameluco, pesaba 130 toneladas y medía 17 metros de altura; delegaciones enteras de personas podía auscultarla, desde la boca hacia adentro, para que los visitantes conozcan las diversas partes del organismo humano.

3.
Las familias ingresaban por la entrada de La Marina –la más concurrida– o la de Miramar. Las familias tenían un recorrido ya establecido. Primero, a conocer las novedades y ofertas de muebles y electrodomésticos en los famosos pabellones 1 y 2. Es que julio traía las novedades a ‘precios de feria’, con facilidades de pago que enganchaban los vendedores de los stands a lo largo y ancho de los más de 40 pabellones. Las mujeres amaban el pabellón de belleza. Los adolescentes, las discotecas, los juegos. Claro, hoy toda esa oferta usted la puede encontrar, con facilidades de pago, en las tiendas por departamentos, en los centros comerciales.

Por las avenidas del recinto ferial se daban interminables espectáculos a cargo de agrupaciones de teatro callejero. Los afortunados miraban el mundo desde el trencito ferial, mientras otros corrían a los juegos mecánicos, corazón de la Feria del Hogar, o, de acuerdo con los gustos, a las exposiciones, al coliseo de los deportes, a las discotecas, a la zona de comidas, a mirar los autos. Había un servicio gratuito de guardería infantil y, claro, también se escuchaba a veces los anuncios del área de seguridad reportando que tenían a un niño o niña fulano de tal que lloraba porque se perdió en la multitud.

Como no hay carne sin hueso, las inmensas colas eran parte del espíritu ferial. Corríamos a los juegos mecánicos, que había para todas las edades, desde el gusanito hasta la casa embrujada, o nos asustábamos con los dinosaurios o los insectos gigantes. Pero para ellos debíamos hacer colas que duraban hasta media hora –en hora punta– para subirnos al tagadá o a la montaña rusa; para visitar la exposición Lima en miniatura; para el salón de los espejos, para entrar al Mundo Mágico de Splash, para ver los televisores de entonces tamaño inimaginable y que valían un ojo de la cara llevar a casa. Sobre todo colas para ingresar al Gran Estelar. Pero como los peruanos veníamos de los años de racionamiento del gobierno militar y el primer gobierno de Alan García, hacer colas no eran cosas de otro mundo.

4.
Las masas se movían por la cartelera del Gran Estelar. Los días 28 y 29 de julio era de artistas peruanos. El resto del tiempo, el escenario era una cuatro por cuatro con lo mejor de la salsa, el rock, la balada, y trova de toda Hispanoamérica. Por su escenario desfiló desde Mercedes Sosa hasta Los Fabulosos Cadillacs y los Fantasmas del Caribe; desde Ricky Martin pasando por Maná a inmortales como Celia Cruz y Héctor Lavoe (que tocó por cinco noches y luego solo se dedicó a morir). 

En términos económicos, La Feria del Hogar significó una movida comercial muy importante con 700 ‘expositores’ de pabellones dedicados a los softwares, artefactos, artesanías, modas, servicios, seguridad, etcétera, que, en promedio, creaban cada año 10,000 puestos de trabajo temporal, de forma directa e indirecta. Así, la Feria del Hogar era el evento más importante anual de la FIP.

Coda.
Afuera del recinto ferial había una segunda feria a cargo de cientos de ambulantes que esperaban a los hambrientos visitantes, tras un largo día de recorrido ferial, que salían, el que menos, cargando sus almohadas. Les ofrecían bancas para degustar los mejores anticuchos, pancitas; se podía comprar globos, pulseras, hula-hulas, e irse a casa mordiendo manzanas dulces o algodones de azúcar. Así, todos volvíamos felices, en auto o en micro.

La Feria del Hogar acompañó a los peruanos por 37 años, hasta 2003, cuando la familia Lettersen vendió 71,000 metros de su frontis al grupo Falabella. El sueño de los nostálgicos se desmoronó cuando la parte posterior se convirtió en edificios de departamentos. En realidad, la agonía empezó en los noventas, cuando iba menos gente, atraídos por las ofertas similares que empezaban a dar Plaza San Miguel o el Jockey Plaza durante todo el año.

Hoy, que se anuncia que la feria volverá, el reto es qué se mostrará a una Lima que ya no es la misma, llena de centros comerciales y cuando los smartphones nos informan al segundo de las novedades.

Datos

1958. Año en que se creó la FIP por el empresario sueco Gosta Lettersten.

1966. Se hizo la primera Feria del Hogar, pionera en su tipo en América Latina.

El evento trágico sucedió el 15 de agosto de 1997: fallecieron cinco adolescentes que asistieron al concierto del dúo venezolano Servando y Florentino.

La feria está de vuelta
Tras 10 años de ausencia, la Feria del Hogar vuelve, del 24 de julio hasta el 10 de agosto. Esta vez en el centro cultural Deportivo Lima, en los Cedros de Villa, Chorrillos, donde ocupará 200,000 metros cuadrados. La entrada general costará 40 nuevos soles. Tanto los niños menores de 10 años como los mayores de 65 años entrarán gratis.

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José Vadillo Vila
Foto: cortesía de Luis Gonzáles Taipe
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