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2008, el año instrumental


Bajada: El movimiento de la cumbia se consolidó en el año que se fue, pero las novedades llegaron básicamente de propuestas instrumentales.
Escribe: José Vadillo Vila

(Publicado en el suplemento Variedades de El Peruano, el lunes 05 de enero de 2009)

En el Perú, el primer motor de consumo y gustos masivos, que unificó a todos los sectores socioeconómicos en 2008, fue la cumbia. Pero pese a sus buenos arreglistas y cantantes, lo ingenioso este año en materia musical en el Perú vino del lado instrumental. Afine el oído.
La novedad más comentada llegó de la mano del grupo Bareto. Ellos editaron su tercera placa, Cumbia, en homenaje a la vertiente selvática peruana del feliz género. Para esta “fiesta musical” convocaron a Wilindoro Cacique, voz del histórica Juaneco y su Combo. Juntos reinventaron los clásicos “Ya se ha muerto mi abuela” y “Mujer hilandera”, los únicos tracks cantados del disco y que así, reciclados, volvieron a sonar en las discotecas.
Novalima, sin lugar a dudas el principal combo de música electrónica y raíces afroperuanas, volvió a la carga con Coba Coba, un disco energético en percusiones y la voz de Milagros Guerrero. El CD les permitirá consolidarse este año en el circuito de clubes y festivales de Inglaterra, Europa continental y Estados Unidos.
Otro trabajo electrónico, pero que fusiona con las raíces andinas, fue Pachamama Sesions, de La Corporación, trío de artistas con Chano Díaz Límaco, Janio Cuadros y Gustavo Neyra. Ellos reinventaron piezas tradicionales del sur andino y se inspiraron en otras.
El maestro de los vientos, Manuel Miranda, editó su tercera placa, Brujos voladores, inspirado en los sonidos precolombinos, sin duda con la calidad que siempre nos entrega el reputado multiinstrumentista, aunque no hemos escuchado la placa, somos sinceros.

Sabor a costa
Un grupo que con mucha algarabía da nuevos aires a la música costeña es el trío Manante formado por los maestros “Gigio” Parodi, Noel Marambio y Pepe Céspedes. El año pasado pusieron en circulación su segundo trabajo musical, Para los engreídos, donde se consolidan con un profesionalismo muy necesario para la música nacional, haciendo una suerte de música que podemos definir como criolla citadina en tiempos posmodernos.
Si hablamos de lo “criollo” tradicional, tranquilos, que no ha muerto. Para eso está el dúo formado por Carlos Castillo y Renzo Gil, ellos lanzaron con buen tino Cantando la historia, picardía en guitarra y calidad en voces. Han recreado 12 canciones de los compositores de la Vieja Guardia. Adelantan que sólo es la punta del iceberg de todo lo que quiere lanzar sobre música criolla histórica. Entre las propuestas jóvenes mencionemos a la joven Katherine Cuadros. Su Quiero ser también es un espacio para nuevas canciones de Lourdes Carhuaz, Iván Abanto y Andrés Soto.
No podemos dejar de hablar de La voz del cajón, el primer álbum del maestro del cajón afroperuano, Juan Medrano Cotito. Aquí canta, compone y fusiona con músicos africanos. Novedoso e inteligente. Otro material con picardía de guitarra criolla pero con las libertades del jazz es Afroperuano de Yuri Juarez.

Inspiración en los apus
Desde otra esquina de la peruanidad, el guitarrista Ricardo Villanueva, joven discípulo de Raúl García Zárate, lanzó Chayraq!, donde recopila melodías tradicionales, de Ayacucho, Puno y Cusco.
Otro material interesante fue la segunda placa del trío académico Los Cholos, Kachkaniraqmi (título inspirado en un poema quechua de José María Arguedas), una mirada nueva y respetuosa sobre lo andino que no debe de falta en su discoteca personal.
Por su parte, el cantautor Diosdado Gaitán Castro editó dos discos Y ahora… qué? y DGC… Llevar, en los cuales continúa apostando al género del huaino con arpa, donde está logrando escalar luego de abandonar al huaino ayacuchano por razones de mercado. (Su hermano Rodolfo ingresó al mundo de la cumbia con Las vueltas de la vida, con resultado disímil).
Quien terminó el año mostrando nueva faceta es el cusqueño William Luna. Editó Refugio, el primero de alabanza cristiana que edita, donde escribe siete de los once temas y hace versiones de “Se busca” de José Luis Rodríguez y “Jesucristo” de Roberto Carlos.

Otras sonoridades
En el rock ha habido sequía creativa. Las salidas más llamativas fueron la del disco de “Pelo” Madueño (líder del desaparecido grupo La Liga Del Sueño), quien inspirado en un poema del uruguayo Mario Benedetti lanzó al mercado del Perú y España su segundo disco en solitario, No te salves. Álbum muy personal, donde todos los instrumentos los ejecuta el propio Madueño, para más señas.
Gian Marco Zignago, el músico peruano más afamado en América Latina, relanzó sus éxitos en versión acústica y en formatos CD, USB y DVD. Por ende, Desde adentro, es apto para su público incondicional.
Tras cuatro años de silencio entregó nuevo material la banda Amén. Tiempos de resurrección, del cual hablamos en esta sección, es una reminiscencia del rock setentero y riffs zepellianos, con buen nivel.
En cuanto a lo no comercial, pero con letra con gran nivel, está Islas, del poeta y cantautor Alejandro Susti, un viaje subjetivo donde la palabra es una artesanía sin igual.
Si hablamos de salsa, un álbum “caleta” que, lamentablemente, sólo se conoció en algunos círculos de amantes de la salsa de la buena fue Estamos azúcar! de Black Sugar Sextet, una orquesta de latin salsa de Nueva York, comandada por Lucho Cueto, músico, arreglista y compositor nacido en el Rímac, y de indiscutible calidad.
Hace versiones de “Copacabana”, “El muñeco de la ciudad”, “El hijo de Lola”, “El condor pasa”. Si puede, cómprelo por internet, no se arrepentirá.
La música de 2008 está servida. Disfrútela. Consuma el Perú.

¿Democracia musical?
Pese a la gran variedad de propuestas (mostramos sólo una parte de los producido en 2008), la escasa difusión de estos trabajos continúa y grandes proyectos musicales quedan truncados. Y sobre ello deben de responder ya los conglomerados radiales, puesto que las hondas hertzianas pertenecen a todos los peruanos.
Resultan risibles los estándares de calidad que supuestamente exigen para dejar de lado la pluriculturalidad del país cuando entre las nuevas generaciones de artistas hay mucho énfasis en la profesionalización.
Si se está perdiendo esta riqueza y se ha demorado tantos años en que los peruanos hayamos asumido nuestra identidad, se deben también a estos criterios absurdos donde se discrimina géneros musicales.
Bien por las comunidades en internet como salida válida para la difusión de estos otros trabajos artísticos, pero la educación de los peruanos también es musical y no se debe limitar a cuatro propuestas repetitivas de cumbia, salsa y pop-rock. La democracia también es musical.
La mayoría de los medios de comunicación (TV, prensa y radio) toman por pretexto cuestiones como mercado o público objetivo para encerrarse en sus propios castillos sonoros, que son redituables a la hora de vender publicidad, teléfonos celulares o cervezas.
Cada año sólo hay preocupación por hacer “recuentos de conciertos”, pero de los artistas de extranjeros sin promover y criticar a los nacionales razonablemente, así no se puede consolidar un mercado musical nacional.
El saxofonista Jean Pierre Magnet se lamentaba que ya no exista en los medios impresos espacios para crítica de conciertos y que los periodistas sólo asistan, en su mayoría de casos, para cubrir lo pintoresco (¿quiénes asistieron, hubo algún escándalo?), casi tomando como relleno lo musical.
Se ha obligado a muchos músicos a ser hazmerreíres si es que quieren que se hable de ellos. El tema de la calidad musical queda en tercer o cuarto nivel de importancia. Se mofa y mejor cuando se trata de andinos (acentuando el racismo). O se está pendientes de los errores personales sin exigirles dedicación a su trabajo.
Pero haciendo un público musical más crítico también hay desarrollo y democracia. Feliz 2009.

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José Vadillo Vila
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