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Una sociedad “nectarizada”


ENSAYO: Tragedia del grupo Néctar sirve para analizar “doble moral cultural” en el Perú. Amantes de la cumbia ven a Johnny Orozco como el nuevo “Chacalón”.

José Vadillo Vila (Publicado en El Peruano, el domingo 27 de mayo de 2007)

A dos días del accidente que cobró la vida del grupo de cumbia Néctar (el 13 de mayo, en Buenos Aires, Argentina), llegó a mi correo un archivo mp3 de “El arbolito”, la sentimental versión –guitarra chichera incluida– que catapultó al conjunto del vocalista Johnny Orozco.
El éxito de Néctar coincidió con el boom que vivió la cumbia, a finales de la década pasada, asociada al manejo de los medios de comunicación por parte del fujimontesinismo.
Curioso también, porque las demás personas de la “cadena” jamás demostraban gusto por este género musical, eran funcionarios y profesionales. Para ellos, “El arbolito” sólo era “una canción de combi”.
La sociedad peruana se ha “nectarizado” indudablemente ante la avalancha de información relacionada con el accidente automovilístico en Buenos Aires, que se llevó la vida de los Néctar.
Sin embargo, la mayoría de quienes tenemos acceso a la información a través de los medios “serios” vivimos atrapados en una “doble moral cultural”: sabemos y bailamos la cumbia peruana, por ejemplo, pero nos referimos a estos fenómenos culturales con desdén. Se prefiere alejarse de todo aquello que se relacione con los estratos socioeconómicos más bajos.
Esta “doble moral musical” se extiende a todos los fenómenos culturales peruanos: se quiere Machu Picchu, pero pervive el desprecio hacia los campesinos; se habla de las líneas de Nasca, mas pocos levantan la voz cuando se viola su espacio; se escucha huainos, pero con audífonos o en una versión pasteurizada por Miki González.
A diferencia de un colombiano caribeño, por ejemplo, que ama su
cumbia y en fiestas se viste de “paisa”, el peruano promedio tiene temor a aceptar su mestizaje cultural. Es decir, pervive el “roche”.

II
Desde la muerte de Lorenzo Palacios Quispe, “Chacalón” (1950- 1994), los apasionados de la cumbia peruana han estado a la caza de nuevos ídolos para su panteón particular. En 2005, lo hicieron con Alberto “Macuco” Gallardo, el ex vocalista de Armonía 10, quien falleció
en medio de una gira europea.
Las nuevas generaciones de cumbiamberos han encontrado en
Johnny Orozco a su mártir ideal. Su grupo Néctar se creó y terminó en
Argentina, donde esta la nueva población peruana, que va al extranjero a ganarse los frejoles, que vive la nueva realidad con la libertad sexual de la mujer (“Pecadora”, “Mujer infiel”), pero mantiene la estética y gustos de sus padres, primeros amantes de la cumbia peruana.
No sería raro que, igual que sucedió con el hijo de “Chacalón”, José María, ya se estén apurando –público, periodistas y empresarios–
en poner a Davis, hijo de Johnny Orozco, como el líder de un nuevo Néctar.

III
La cumbia sí es una industria. A los pocos días del accidente, la disquera Rosita Producciones puso en circulación un CD de Néctar que incluía de regalo un póster del grupo con el eslogan “Desde el cielo...”, el guapeo de Orozco en “El arbolito”. Era una forma de ganarle terreno a la piratería, que aprovechaba esta loca sed del Néctar post mórtem. Y la APDAYC ya firmó una alianza con una empresa editora para lanzar 100 mil discos.
Se ha denunciado a los “oportunistas” que se quieren “colgar” de la imagen del grupo; eso sucede en todo aquello que toque la industria, y más en un hecho que ha tenido tanto eco en el ámbito mediático, toque.
La cumbia peruana se exporta y, bien o mal, es creadora de la “bailanta” argentina, un mundo donde el inmigrante pobre se desestresa
(“En las cantinas”), pero a la vez es caldo de cultivo para mafias, amparadas en las sombras de la informalidad. Ahora, Johnny Orozco mira ello “desde el cielo” y “con mucho cariño”.


Dato:
“El arbolito” versión de Néctar de “El saucecito”, escrita por Walter León Aguilar, autor de “Colegiala”. Néctar recopiló muchos éxitos de conjuntos de la década de 1970.

Leyenda.
Grupo Néctar (foto: Internet).

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José Vadillo Vila
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