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Chile sin pudor


Este Chile es tan despercudido de su cuidada imagen de sociedad pacata y triunfadora (país de la economía más próspera de América Latina, y donde la iglesia marca las pautas de lo que debe hacerse), que parece una película de ficción. Hay coca, homosexuales, pedofilia, prostitución de todos los precios, meseras que te besan en la boca y andan en babydoll a una cuadra del palacio de La Moneda, y en horario de oficina. Paola, una de estas chicas, lo resume: “Al chileno le gusta la cochiná” (página 29).

En las páginas de Sexo y poder, los productos que se exportan son pornos “made in” Chile y los “cafés con piernas” –aunque la idea no prosperó en los otros países latinoamericanos-.

Los curas católicos, la clase religiosa que históricamente bendice y exorciza las decisiones de que toma la nación sureña, también están incluidos en los escándalos: Hay padres que violan alumnos y simplemente se les cambia de lugar como a los alfiles en un tablero de ajedrez, y casi siempre, no pasa nada.

Los periodistas chilenos tienen miedo y no quieren dar su rostro para cuidar su trabajo; prefieren ser las fuentes sin mayor crédito que unas siglas que consigna el cronista Juan Pablo Meneses.

Después del destape que vivió en 2002, cuando se incautaron videos caseros de las orgías que habían en la casa del poderoso Claudio Spiniak –multimillonario y dueño de los spá más exclusivos–, que mostró a esos peces gordos del poder teniendo sexo con menores de edad reclutados de los sectores más pobres de Santiago; o sea, de esa parte de la ciudad de la que obvian los marqueteros. Todos los periodistas tienen miedo de las represalias, porque la prensa erró también al dedicarse a “destapar” los destapes, valga la redundancia, por la enfermiza necesidad del rating y, la verdad no siempre fue así.

Gemita Bueno, una señorita sin grandes encantos físicos, que dijo haber sido abusada por un político, y luego se rió y la metieron sonrojados a la cárcel cuando hizo un escándalo dentro de otro. Gemita dijo en una entrevista una frase que ya es histórica en el país del sur: “Me pasé por la raja a todo Chile”. Y esos son los errores del sensacionalismo que comenten a diario los periodistas de todo el continente, sin caer en exageraciones. Y Chile también "descubrió" que tenía ese defecto de la debilidad por el morbo que vende páginas, tiraje y sintonía. Por eso, los periodistas declararon a Juan Pablo, pero haciéndole jurar que no ponga sus nombres ni rasgos que los definan, por favor.

“Chile salía del clóset: todos, finalmente, teníamos una doble vida” (56). Agreguemos: en los medios. Porque tiene prostíbulos como el Oniris, en pleno centro de la ciudad, un bar en cuyos asientos traseros por diez dólares las chicas tienen relaciones con sus clientes, sin cortinas, sin camas, sólo sentados, como quien observa acompañado el show de strip tease que se sucede en la barra del local. Y para los millonarios están las prostitutas "importadas" de Ururguay, Colombia, Brasil, Perú, chicas con la etiqueta de A1. Ellas atienden en el Platinium, ubicado en la comuna de Vitacura, una de las zonas más caras de Santiago.

A lo largo de los doce capítulos del libro, la función que realiza Juan Pablo Meneses es sobre todo de enumeración de estos hechos, recopilación de las investigaciones de otros y, claro, su punto de vista, después de visitar estos lugares y entrevistar desde cafichos hasta clérigos. El material, creo, está más dirigido al público hispanoamericano que quiere conocer este Chile poco promocionado, que meterse más en el fondo en cada uno de los temas.

Indudablemente, Juan Pablo tiene una gran capacidad narrativa y su crónica está muy bien escrita. Contar los hechos en primera persona le permite insertar sus propias opiniones sobre estos temas (aunque a veces se desvía un poco del "foco" del tema. Por ejemplo, cuando inserta su experiencia con el actor porno norteamericano Ron Jeremy en Nueva York, para hablar de un actriz porno chilena que no concretósu despegue mundial, y que tal vez nunca conoció a Jeremy).

En resumen, Sexo y poder es un conjunto de historias –muchas veces sin final–, donde la primera persona puede ahogar el fondo de los hechos. Es su defecto. Su mérito, repetimos, la forma de contar y el hecho de resumir todos los hechos que sacudieron a Chile y lo mostraron tan miserable y "doblemoralista" como todos sus hermanitos latinoamericanos.

Lima, domingo 07 de agosto de 2005

Ficha
MENESES, Juan Pablo. Sexo y poder. El extraño destape chileno. Santiago, editorial Planeta chilena, 2004. 1era edición. 205 páginas.

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José Vadillo Vila
Foto: cortesía de Luis Gonzáles Taipe
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